lunes, diciembre 11, 2006

Ha pasado un ángel

Una auténtica aparición. Ojos negros como la noche (jamás he visto otros más oscuros, más grandes, más hermosos), piel morena casi calé y una cara de una belleza masculina como pocas _por no decir ninguna_ veces he visto.

Estábamos las dos ahí, hablando sin parar, como desde el primer momento que nos vimos. Alma gemela malagueña (¡qué lejos, por Dios!) y gallega de camuflaje porque últimamente paso por todo menos por autóctona. La cafetería apretadita, mesas diminutas y a mi espalda alguien que movía fotos, escribía cosas y tomaba su café en la gélida tarde de diciembre.

No voy a decir de qué hablábamos los ojos verdes más bonitos de la península _sí, no exagero, tardé tres días en acostumbrarme a ellos y no repetirle una y otra vez que no podía dejar de mirarlos_ pero, vamos, que juntas tenemos mucho peligro y utilizamos el castellano en todas sus vertientes. Sobre todo las políticamente incorrectas, que resulta muy tonificante.

Vamos, que me pierdo. A la malagueña salerosa le dedicaré un post entero, que llevo esto muy atrasado, pero ahora mismo estoy de duelo porque se me ha ido y prefiero asentar sensaciones.

De pronto, la figura a mi espalda se dirige a mí/nosotras (no lo sé, estábamos petrificadas) , se disculpa y, dice que hemos de elegir una mano. Le preguntamos quién de las dos. Dijo que las dos si queríamos pero la mano habría de ser diferente. Con la mala suerte que me caracteriza y la sombra de las verdes farolas elegí mal. Le tocó a ella.

Era un hermoso marcahojas hecho a mano _lo elaboró en aquel escaso café_. Tenía una frase, preciosa, profunda, intensa. Igualita que su mirada. Le dimos las gracias, charlamos un rato. Es un peregrino, claro. La cuarta vez que hacía el camino. Argentino residente en Francia. Venía desde Lourdes y seguía camino hasta Fátima.

No era un argentino adulador y acostumbrado a la conquista. Desgraciadamente para nosotras no hizo el menor intento de conquistarnos (supongo que por eso en todo este largo puente de los muchos hombres a los que he visto _con excepción de un nuevo amigo que también se llevará un post en breve_ y con los que he coqueteado, sólo recuerdo con claridad su rostro). Nos contó un poquito de su vida, con su hablar pausado, tranquilo, sin alardes. Hace el Camino por motivos espirituales, claro, atrapado por esa magia que envuelve a los caminantes solitarios, alejados del bullicio y los motivos (absolutamente respetables, por otra parte) más festivos de otras personas.

Pues charlamos apenas un ratillo. De pronto, nos dio las gracias, pagó y desapareció para siempre. No nos pidió un sólo dato. Se fue como llegó. No reaccioné. Ni siquiera se me ocurrió invitarle al café, ni darle el mail u ofrecerle la hospitalidad debida al peregrino. No hubo tiempo.

Su halo de paz, sus hermosas palabras y su extraordinaria belleza, tanto interior como exterior, nos dejó absolutamente descolocadas. Cuando reaccionamos empezamos a hacernos cruces, claro está, de la mala pata de que tan bello ejemplar hubiese salido de nuestras vidas sin haber tenido ni el menor detalle de correspondencia.

Y mientras escribo se me ha ocurrido que le debemos algo, no sé el qué, un poco de esa serenidad dentro de las aguas negras y profundas que tuvimos la suerte que nos mirasen. Tal vez pensó que nos hacía falta un poquito espiritualidad en nuestras vidas también. Podría ser.

El caso es que ahora mismo me ha venido a la mente la idea de buscarle a través del Camino. Sólo sé que se llama Sergio, argentino, residente en Francia, camino de Fátima. Puede que alguno de los cientos de miles de peregrinos que vienen a mi Casa le haya conocido en uno de sus cuatro periplos por las piedras del Apóstol. Si alguien le conoce, me gustaría que le hiciese llegar este mensaje. Me gustaría saber de él. Un correo, un teléfono. Algo.

Si alguien puede ayudarme, lo agradeceré siempre. Para poder pagarle un café, ofrecerle abrigo del frío o una ración de queso a la más antigua usanza.

Llega la Navidad y creo haber visto un ángel.

¿Cómo no acaricié sus alas?

7 comentarios:

Chipsoni@ dijo...

"No puedes alargar ni ensanchar tu vida; no puedes más...que ahondarla"

"No rechaces al heroe que hay en tu alma."

"Buen Camino"

Sergio '06

pd: yo si vi unos ojos negros comparables o más bonitos que los de Sergio, en el mismo Santiago, en la misma cafetería y en el mismo momento, pero en un rostro de piel de porcelana.

ninfa secreta dijo...

Ainss, qué se me ha ido una lagrimilla...

Ya me ha dejado sin corazón este bichillo andalú!

María Luisa Carmona dijo...

Mira, mujer...que historia de cuento de hadas...seguramente, el destino puso ese ángel en tu vida por algún motivo que desconoces...
Perdón, siquiera te conozco, pero paseaba por una comunidad y te vi...besos y suerte pa' tu corazón...
Soy de Sevilla, cuando quieras un poco de sol...te lo regalo.

tu dijo...

uy qué peligro, conozco esa sensación de "tengo que encontrar a ese tipo", uy, uy, ... pues chica... a por él!!

Shutt dijo...

Los angeles pasan por nuestras vidas para dejarnos lo que vistes, paz, tranquilidad y algo en que pensar asi que... ¿para que buscarlo?, su recuerdo ya te pertenece y ya forma parte de ti.

De todas formas en el cielo tienen un e´mail para esas busquedas la direccion es angel_errante@eldestino.org , no se si contestaran pero las peticiones las leen seguro. (es broma pero queda hasta bonito).

Saluditos gallega inquieta.

ninfa secreta dijo...

No me refiero a ese tipo de búsqueda, Tú, aunque no le haría el menor asquito...

No sé, no le ofrecí nada, apenas las gracias...

Shutt, pues no sé, pero creo que, por algún motivo sí merece la pena buscarlo aún sabiendo que no le encontraré

María Luisa, puede comentar quien quiera aquí, muhéee! Mándame todo el sol que quieras, mi arma!

Bsss

José Angel dijo...

Quiya, lo único que se me ocurre es que lo intentes a través de alguno de los foros del camino, por si alguien ha coincidido con él. O que cojas el buga y te bajes dirección a Fátima siguiendo las flechas azules.

En los albergues normalmente dejas tu nombre y lugar de procedencia, puede ser un punto de partida.

Buen camino