miércoles, marzo 28, 2007

De vez en cuando la vida...

Hay días _o semanas_ que es mejor no levantarse de la cama. Entre el mal rollo laboral de estos días (no tengo ganas de regodearme en esas cosas, así que no hablaré de ellas) y la noticia de esta mañana, tengo el cuerpo y la mente doloridas.

Ayer falleció un compañero de trabajo de mis años periodísticos. Sólo 37 años, deja un niño de dos años y medio y a su mujer. Estuvimos diez años trabajando muy cerca, apenas a un metro de distancia.

He conocido a varias de sus novias, me he reído miles de veces por lo “quedón” que era con cuanta mujer entraba, sus kilitos de más eran parte del cachondeo general. Una buena persona, la verdad, jamás tuve un roce con él ni recuerdo que nadie más lo tuviese tampoco.

Estas cosas me resultan estremecedoras. No puedo pensar en él en pasado ni, al mismo tiempo, imaginarle dentro de una caja en plena juventud. Hace un mes visitó la redacción y le encontraron animado y mejorado. Pero no se le gana la batalla a un cáncer de huesos y menos cuando eres tan joven. Es así de paradójico.

La noticia de su desaparición ha caído como un jarro de agua fría incluso en esta oficina de Madrid, incluso para mí que hace más de tres años que no le veo. Me cuesta mucho asumir que alguien joven se esfuma así, que se le parte la vida en dos así, a él y a su pareja.

Porque yo siempre pienso que, una vez acabado todo, es peor para los que se quedan. Nos quedamos aquí, rodeados de recuerdos, “chupando un palo en una calabaza”, como diría Serrat, sin saber por qué de pronto la vida te da de bofetadas. Perdidos, intentando buscar sentido al dolor, a la muerte, a la vida, a algo. Y condenados a seguir con el alma rota

Cuando ves estas cosas te preguntas qué haces aquí y, al mismo tiempo, te preguntas por qué no haces mucho más. Te sientes afortunado y atemorizado a la vez, porque ninguno está libre de caer. Y el temor a dejar escapar cualquier oportunidad se incrementa. Porque estamos de paso y ese paso a veces puede ser corto y estéril.

En cualquier caso, soy fatalista, creo en el destino, creo que nuestro espacio vital está marcado. Y si así es, Andy ha dejado de sufrir ya, como otros que he conocido que también nos han dejado en plena juventud. Y espero y deseo que lo de la nueva vida sea cierto porque la que conocemos deja bastante que desear.

Prefiero quedarme con el recuerdo de mi compañero siempre riendo, con sus kilitos de los que tanto presumía y su ojo clínico para observar a cuanta fémina se cruzaba en la puerta.

Donde estés, que te vaya bonito, Andy

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Un abrazo de lluvia y calma desde Compostela. No me sobra mucha energía a mi tampoco, pero la comparto gustoso contigo. Te leo con devoción, porque estás en el lugar geográfico en el que habito con mi corazón. Muchos ánimos. Y si alguna vez consigo "bajarme" a Madrid estás invitada a alguna cosa absurda, como perder dinero en el hipódromo apostando a algún caballo de nombre magnético o a un simple café con charla en algún sitio.
Beso.
Maohi.

ninfa secreta dijo...

Prefiero el café, la suerte no es lo mío XD!

Habitas con tu corazón? Quién sabe, igual yo estoy de vuelta cuando tú llegues...

biquiños

Anónimo dijo...

:)
Seguro que nos hemos cruzado en la T4. Ah, me gustó mucho tu post "Pecado capital". En general me gustan todas tus cosas, no se...me das ternura :)
Ternura, dice....
Besooooo
Maohi.

ninfa secreta dijo...

Qué bien! A mi pesar, no es ése el sentimiento que suelo suscitar...

Anónimo dijo...

No se cuales son esos "otros" pero seguro que también los tendré XD. Hala, me voy a trabajar.
Tiernamente tuyo.
Maohi.
maohi1968@yahoo.es