lunes, agosto 28, 2006

Redecorando la vida

Pues aún no me han llamado. Los del trabajo, digo. Me debato entre no pensar en ello (imposible de todo punto), en creerme las más que razonables posibilidades que me exponen mis amigos (muy posibles pero a mí me va a dar un ataque cualquier día de estos...) o salir de compras como me pide el cuerpo.

Desde que me mudé a esta casa no la he convertido en un hogar. La sensación de provisionalidad me hacía evitar hasta colgar los cuadros. Ahora, como resurgida de mis cenizas, empiezo a sentir la necesidad de decorar. Siempre me ha gustado y soy bastante buena pero la falta de liquidez y, sobre todo, la casi aversión que le tomé a todo lo material y marujil hicieron que aparcase esa afición.

De pronto _casualmente cuando parece que mi nueva vida comienza y con ella un sueldo estable_, necesito color en mi casa. Quiero que mi sala abandone el color marrón que ha cubierto muchos de mis días pasados. Yo soy de colorines, desde siempre. Mi color favorito es el rojo para muchas cosas. Quiero que mi cuarto tenga su propia vida, no quiero cuadros de mi época de casada _de hecho, no los he vuelto a colgar_. Siento la necesidad de poner el cuarto de los niños tan bonito como estuvo en el pasado en otro lugar.

Y todo esto está muy bien. Pero como no veo mi puesto de trabajo por ningún lado, no me atrevo a darle salida a este ataque de creatividad que tan saludable es alguien que lleva, en algunos aspectos, mucho tiempo de brazos caídos.

Así que me debato entre llenar mi casa de color y acabar con los números de mi cuenta en tonos similares o esperar. Pero se me da tan mal esperar... Llevo tanto tiempo esperando... Buff!!

Hablando de lo mal que se me da esperar, el otro día me encontré con esa monada de chico morenito que conocí en una de esas noches de verano. Hay qué ver. No entiendo por qué los seres humanos son tan complicados. Se deshace en halagos, se le cae la baba, dice que soy demasiada tentación... ¡Y me deja ir!

Hay que comprender que, como él dice, está en transición. O sea, terminando esa clase de relación que no da más de sí pero que tiene tiempo y cariño invertidos. Esto está bien. Pero ya puestos a haber sido infieles, un día más o menos no debería contar ¿no?

Lo más sorprendente es que me ha dicho que considera que hay que dejar espacio entre una y otra relación. No sé si sentirme halagada o qué. En ningún momento me he planteado que yo pudiese ser una relación. Ni creo que él. De hecho, ya le expliqué que para tener aventuras no hace falta tanto lío... No sé. Cuando por fin una decide pasarse al bando de las aventureras, los hombres te dicen que eres tan excepcional que no se pueden quedar ¿Quedarse en dónde? ¡Que me he pasado a pendón, leñeeee!

¿Es que ni así se puede tener nada en este mundo? ¿Quién os entiende, caballeros? (Aquí emplazo a todos los lectores masculinos a que me aclaren lo que les parezca porque esto es un sindiós).

Total, que sigo durmiendo sola mientras alguno que otro se muere de ganas de estar conmigo pero nada. Y si yendo por libre la cosa está mala, ya me explicaréis a qué lista hay que apuntarse. Estoy por pasarme al celibato pero, a mi edad, eso me parece un pecado. Como decimos en Galicia "Os que me dan, non os quero e os que quero, non mos dan" (Los que me dan no los quiero y los que quiero no me los dan). Así pasa que, de vez en cuando, sigues recordando noches de estrellas y aviones en aquel universo paralelo al que nunca volverás. Pero como de ilusión también se vive y de buenos recuerdos es de lo único que se puede llenar la bolsa de este extraño paseo terrenal, pues nada, a guardar lo bonito y borrar todo lo demás.

Que luego se confunde una y acaba quedando con personas majas pero con las sabes que no podrías tener nunca nada, metiéndose en citas a ciegas que no conducen a ninguna parte y confundiendo y confundiéndose. En realidad, ya llevo algún tiempo solita y no estoy tan mal. Solita del todo, digo. Y no pasa nada.

Yo sólo quiero colorines en mi vida. A través de mi casa, de mis hijos, de mis amigos y, a lo mejor en un futuro creo que lejano, a través de una ilusión paralela.

Mientras, redecoraré mi casa y mi corazón.

Con mucho color y rojo pasión. Como la vida misma.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mira Ninfa, como tú y vosotras, no nos entendemos ni nosotros mismos...el que tenga claro las cosas en el campo de las relaciones que tire la primera piedra. Es normal que un hombre casado, con familia, feliz, siga buscando...pues no!, o que otro totalmente destrozado siga tropezando con los mismos desamores?, pues no...es el sinvivir de la raza humana...no nos entiende ni dios!...el que se le ocurrió crear al hombre nos dejó a medias (quizá a posta!) y se fue de cañas con sus colegas, sin pensar en el desastre...!

Decora la casa, no lo pienses!

Un bico,

Santibichos

ninfa secreta dijo...

Jajajaaa! Te haré caso. Gracias por no aclararme nada, jajajaa! Biquis