lunes, febrero 26, 2007

¡Hala Madriz!

Ya he aterrizado. En el sentido más literal de la palabra, ojo. Mi primera noche la he pasado con los pies, los brazos y la espalda en la tierra porque el colchón hinchable en que me habían acomodado se desinfló al verme (no sé cómo tomarme eso... es como la cerveza, que ya no me responde más que de vez en cuando _esto os lo explico otro día y, si no, que lo comente algún graciosillo que conoce el asunto_).
Me encaramé como pude al sofá pero era de dos plazas y... bueno, muy descansada no se puede decir que esté...

Primer día de trabajo. Ninfa aprende a manejar el sistema como Dios le da a entender y braseando a los compañeros. Hay uno que está comestible de veras peeeero... como todos aquí, pillado. Y lejos, mecachis... De todos modos, yo no soy excesivamente celosa, siempre y cuando sea la otra la que caiga en la batalla.

Comida con mi próxima compañera de piso. Chica 30 años, simpatiquísima, solterísima y dispuestísima a enseñarme las bonanzas de Madrid. Así que ya tenemos programadas unas fiestas en Santiago, Segovia, Málaga y Madrid, todo ello sin haber pasado más de 24 horas juntas. Pero promete, sí señor, vaya si promete.

He hecho mi primer viajecito desde el quinto Pinto hasta la oficina y he llegado viva y con tiempo a desayunar.

Escribo desde el trabajo, robándole horas a mi tiempo libre porque no tendré internet en casa así que, por no dejaros a todos echándome de menos y pensando que estoy fatal _aún no he tenido tiempo de agobiarme_ pues unas letras para llenar el día.

Me he enterado que por aquí los domingos POR LA MAÑANA se sale de marcha por La Latina, señores, y eso lo tengo que descubrir yo a la orden de ya. No sé cuándo tendré una cama de verdad pero todo se andará.

Como me suele pasar, ha reaparecido mi ex no-novio como sólo lo hace él, en momentos extraños. Aún estaba llegando a Madrid desde el aeropuerto y recibo un sms para quedar esta semana a tomar una botellita de vino. No había reconocido el número _ya sabéis, los borro_ pero la botella me dio la referencia. Si no, ya me hubiera visto preguntántole quién coño era con lo que le jo... fastidia. Pero he sido bueno y no le he dicho que no reconocí el teléfono. ¡Si es que, en el fondo, soy un pedazo de pan!

Si esto es siempre así. Cuando no estás, ahí tocando las narices. Cuando estás, pues asustados y escurridizos cuanto más les gustas. Lo de toda la vida. Qué aburridos y poco imaginativos son los ex.

Pues me voy, que me pilla hora punta y como que paso. Ya cuando empiecen a ocurrirme cosillas y esté algo descansada os animaré la velada. Como veis, paso de estar introspectiva, tanto mirar para dentro no me deja ver la luz de fuera.

Por cierto, nenas, esto está lleno de maromos. Mamonazos, seguro, como dice mi Belén, pero mamonazos nuevos.

¡Tiembla Madrid!

domingo, febrero 25, 2007

Cambios y praxis

Es el principio del fin o a la inversa. O sólo un viaje de ida y vuelta pero el momento ha llegado. Cambiaré finalmente de ambiente, desconectaré de un lugar que durante tres años me ha sido hostil y sin luz para intentar ser deslumbrada por la gran ciudad. Creo que me hace falta.

Pasé una entrañable noche de fiesta con mi primo _ese simpático chiflado que siempre me recuerda que, de no ser su prima, jamás saldría indemne de sus fauces..._, mi compi y su amiga y un amiguito que tenía por ahí. Es de esas noches que sales sin grandes expectativas, casi arrastrada por unos y otros y luego te lo pasas de cine. Cómo no, me dispuse a dormir a las ocho de la mañana, me despedí de una de mis hermanas con lágrimas en los ojos _ambas aunque yo disimulo mejor_. Mis niños me ayudaron a elegir un par de maletas nuevas (una verde metalizado y otra azul claro para contentar a todo el mundo), tuve el consiguiente rato de mal rollo con mi ex, que prefiere que le pague 160 para llevar a los niños en autobús a que le preste el coche y se haga cargo de la gasolina. Por último y por supuesto, procedo a posponer el coñazo de hacer la maleta.

Me voy con la pena de no haber visto a mi prima justo antes de marcharme pero tampoco me mudo a Tombuctú.

Conservo una agenda interesante para tener visitillas cuando regrese e intento hacerme una nueva para no comer sola y cenar sola todos los días. Eso sí, todos mis amigos que van a Madrid periódicamente han prometido visitarme (¡Espero que cumpláis, malditos!) y tengo la impresión de que mi vida laboral va a ser tan intensa que no tendré mucho tiempo para otras tonterías, de lo cual casi me alegro. Aunque para darle una alegría al cuerpo siempre me las arreglo bien, afortunadamente. El alma es otra cuestión, está claro que lo idóneo es aparcarla. Vivo más tranquila cuando soy un hombre casi al cien por cien...

Tal vez no pueda escribir con la misma asiduidad por no tener internet en casa o porque esté deslomada pero mantendré mi cita con vosotros. Seréis mis compañeros así que os quiero a todos en fila porque pasaré lista.

Estoy en tránsito hacia mi hemisferio más pragmático y menos emocional. La emotividad da siempre mal resultado y cuando opto por la praxis, me divierto y no sufro ni padezco. Es de cajón que me gusto y gusto mucho más cuando soy más fría. Y esa frialdad es mi especialidad. Un puntito de femme fatalle y... a vivir.

Nos vemos por la capital...

viernes, febrero 23, 2007

En tránsito

¿Y qué diablos os cuento hoy?

No he hecho nada apasionante, aparte de cobrar un porquería de mi ex empresa _lo cual confirma mis sospechas de que lo mejor que podía haber hecho era largarme_, pegarme un tute de coche que ni os cuento bajo esta lluvia que, o te convierte en Carlos Sáinz o te mudas a Madrid, cepillarme una botellita de vino con una amiga suiza que está por aquí y con la que farfullo un inglés tan abstruso que dudo muchísimo que entienda ni jota de lo que digo y que me estoy preparando para salir de jarana _cómo no_ por penúltima vez... esta semana.

Tengo que preparar la maleta, hacer otra para la ropa de mis hijos y, en mi línea, todo lo que he hecho es ir al Corte Inglés a comprarme una mochila para mi ordenador que de portátil sólo tiene el nombre porque es como llevar una piedra de esas que usan los vascos para hacer deporte. Un poco de consumismo siempre me pone de buen humor. Como de ejecutiva agresiva no puedo ir, intentaré ir de ejecutiva "casual/cachonda" (no hay que olvidar que Barajas está llena de ejecutivos forrados de pasta y tipejas de esas con ropa a la que yo jamás tendré acceso).

Ya voy procurando llenar los fines de semana en que puedo hacer algo diferente y abriendo mi agenda madrileña a ver qué me depara el futuro. Estoy muerta de curiosidad. La semana que viene supongo que estaré muerta de cansancio porque mi jefe amenaza con curro a tutiplén. Pero bienvenido sea, ya era hora.

Y cada día de asquerosa lluvia me alegro un poco más de irme de aquí. Lo malo es que los fines de semana también lloverá y estaré en estos lares pero, en fin, será temporal, espero.

Sigo despidiéndome de unos y de otros. Una de mis hermanas me ha escrito una hermosa carta en la que dice cosas no tan merecidas pero hermosas de leer. Lo bueno de haber pasado malos tiempos es que tienes muy claro quién se ha quedado contigo y por qué. Estamos todos un poco tristes y alegres al mismo tiempo. Es una sensación confusa porque no soy demasiado consciente de vivir esto como un traslado. De hecho, para empezar no me llevaré gran cosa en la maleta porque aún no sé dónde voy a vivir aunque todo indica que con una compañera de trabajo.

Será divertido tener un pisito de soltera, yo me salté esa fase juvenil, a ver cuántas nuevas fases más me depara mi nueva vida. Ya sé que todo no será bueno pero, si alguna virtud tengo, es que le saco partido a cualquier cosa. Incluso a los fracasos porque siempre pienso que lo que fracasa es como cuando el cuerpo humano aborta naturalmente: no va adelante por es insano, deforme o defectuoso. Pues fuera del útero es lo mismo _la verdad, al hacer esta descripción no he podido evitar pensar en algunos hombres y juro que no era la idea... ¡Así soy yo!_

Pues nada más por hoy. A los que salís de mi vida: bon voyage; a los que llegáis para quedaros: bienvenidos a casa; a los que estáis de paso: por favor, no molesten;

A todos os deseo lo mismo que para mí: mucha suerte.

Y que la Fuerza nos acompañe

miércoles, febrero 21, 2007

La armada vencida

"Yo no mandé mis naves a luchar contra los elementos". La famosa frase de Felipe II es como un sonsonete que, periódicamente, me repito.

A veces, uno se ve envuelto en relaciones que no sabe cómo empiezan, ni siquiera si han empezado, relaciones por las que caminas solo y la otra parte apenas se tropieza contigo. A mí me ha pasado alguna vez.

Tengo mucho cuidado en dónde y cómo me meto en todos los ámbitos de mi vida. Pero no soy más que un ser humano. Así que, aún a sabiendas de que la experiencia me dicta lo contrario, de vez en cuando los sentimientos fluyen por cuenta propia.

Creo que todos hemos tenido esas extrañas aventuras que, de pronto, son otra cosa. Pero no se sabe qué cosa. Aventuras en las que, sin darte cuenta, empiezas a sentir cosas, a apreciar detalles, a encontrar elementos nuevos, a ver que hay una corriente común. Pero las armaduras son más poderosas que cualquier sentimiento naciente. Esta clase de sentimientos son como los recién nacidos, frágiles, vulnerables y necesitados de atenciones. Es sencillo dañarlos. La indiferencia es la mejor de las armas letales.

Te resistes, eres fuerte. Conoces todos los mecanismos para no dejarte arrastrar, para que no te afecte la ausencia de compromiso, de sentimientos compartidos. Hasta que te aburres de mentirte. Hay gente que nunca se aburre de hacerlo o no se da cuenta. Le llaman pensar diferente. Es probable que sea cierto pero es una gran pérdida para ellos mismos no permitirse romper sus propias normas y aceptar que hay personas que pueden llegar a ser importantes, a aportar cosas valiosas y que no tienen en sus vidas, sin que ello presuponga renunciar a nada.


Pero no puede ser. Cuando no se puede aspirar a ser otra cosa que un pasatiempo, un rato entretenido para cuando no hay ninguna otra cosa que hacer, una noche de placer de vez en cuando (sin gran necesidad de repetirla, siempre al final de todas las prioridades)hay que saber cerrar la puerta. Cuando puede explicarte con claridad todas las diferencias y no citar un sólo punto en común, te estás equivocando.

Hubo un momento en que creí que había un sentimiento compartido aunque negado, por ambas partes, he de admitirlo. Ahora ya sé que no. Una de las grandes diferencias reside en que cuando uno se implica, hace lo imposible por estar al lado de la persona que le importa. Sin embargo, cuando cualquier disculpa es buena para no ceder a la tentación de poder sentirse desnudo, aunque sea un flash de un segundo, hay que reconocer la derrota.

Las armaduras autoprotectoras evitan el sufrimiento pero también disfrutar de lo bello que es sentir la piel por dentro y por fuera. Hubiese querido hablar contigo pero, visto lo visto, no tendría sentido. Todo lo que dijese sonaría, dada tu actitud, simplente ridículo. Tú seguirás con la vida que has elegido y yo intentaré aprender a elegir mejor. Por eso, por mucho que yo sé que sientas, yo ya no enviaré más mis naves a luchar contra los elementos. Ya he movido pieza demasiadas veces. Te toca a ti, y no quieres. Merezco algo más que un café o una sobremesa para los ratos solitarios. Y sí, la canción era para ti. Te darás cuenta cuánta razón tengo, ¿verdad?

Me daré nuevas oportunidades con personas que tal vez quieran descubrirme y descubrirse. Y si no, me largaré a Madrid y conoceré a algún maromo que me lleve a la cama y me recuerde que soy una mujer atractiva.

Aunque a nadie le importe una mierda si soy inteligente, sensible y valiosa.

martes, febrero 20, 2007

Con las botas puestas

El lunes fue un día de despedida y reencuentros. Un pariente cercano mío falleció y, como suele ocurrir, se produce ese encuentro que tiene lugar cada cierto número de años en una familia tan grande y desperdigada como la nuestra.

Los funerales son momentos tristes y tiernos a la vez. Yo sólo acudo cuando el fallecido o su familia son importantes para mí. Todas las hijas del finado son estupendas personas, así como sus nietas. Gente que nunca faltó a ninguna de mis citas previas con la muerte, que siempre me tendió una mano, que estuvo y está ahí.

Por eso, a pesar de que su tristeza sea el motivo de nuestro encuentro, yo me siento feliz de poder estar, en el segundo o tercer plano que me corresponde, pero estar por si uno de mis humildes abrazos o besos puede ofrecer el más leve consuelo.

Hay que decir que los entierros son dignos también de todo un estudio sociológico. Por otro lado, estaban el grupo de los orkos (esto es, mis ex hermanos), con su verborrea incesante y esa sensación de ridículo que me produce tenerlos cerca. Menos mal que, como soy la antipática oficial, pues me mantengo al margen estupendamente.

Mi único ex hermano casado me contaba que se había gastado casi 400 euros en regalarle un móvil a su hijo de 16, sin preoucuparse ni de preguntar por mi situación económica o la de mis hijos. Por suerte, el discurso es muy otro y, como suele pasar, espero que todas sus palabras se las tengan que tragar por partida doble. Y ni siquiera se da cuenta, que es lo más alucinante de todo. Por el otro lado, los parásitos oficiales, gordos y rubicundos de alcohol y ociosidad. Yo creía que en la familia éramos delgados por naturaleza. Ahora va a resultar que, en realidad, somos gordos por vicio.

También vi a familiares que soy muy entrañables para mí. Mi favorita, la que hubiese deseado y quiero como a mi hermana mayor; a su hija, mi hermana pequeña igual de deseada. Una familia numerosísima unida y fuerte ante esa adversidad que le tocó vivir en abundancia. Aquella prima de la otra rama que no te traga desde siempre sin que sepas por qué (o sí, por su manifiesto complejo de inferiodad y ansiedad por su soltería cuasi irremediable) y los hijos de primos que ya son hombres y mujeres y te hacen sentir mayor.

Es ese extraño momento en que aprecias cuánto han envejecido algunos y, me imagino, ellos aprecian que a mí pueda pasarme lo mismo. Eso sí, todo el mundo decía que estaba guapa (qué cosas...), quizá porque soy de las primas más jóvenes.

Visité las lápidas de mis hermanos fallecidos. Nunca vuelvo al cementerio, no veo nada allí. Pero sí reconozco que, cuando las veo, renace la tristeza vieja y, al tiempo, ese sentido fatalista de que la vida hay que vivirla a bocados porque no es más que un paseo y se nos escapa entre los dedos. Sus nombres en las lápìdas me hacen imaginar la mía y presentir cuán cerca está _quede el tiempo que quede_ el momento en que yo también las ocupe.

Llovía. Siempre llueve mucho cuando entierro a mis parientes. Invariablemente hace ese desastroso tiempo. Como si las nubes y los llantos quisieran presidir la despedida.

Apenas conocía al finado directamente. Sé toda su vida por vía indirecta y sé que era todo un personaje. De cáracter muy difícil, culto, buen escritor y en terrible confrontación con mi madre desde que tengo uso de razón. Eran demasiado parecidos para llevarse bien.

Fui sola y volví acompañada de mi nueva hermana. No sé si está bien o mal, no se deja ablandar, es digna sucesora mía. Mi familia directa hizo bloque a un solo lado _nada nuevo bajo el sol, ni siquiera son conscientes de cuánto se lo agradezco_ y yo fui por libre, como a mí me gusta.

Hoy es otro día. Él ya no está aquí. No sé si su vida fue modélica o no. Sólo que sus hijos y nietos sí lo son. Un hombre muy afortunado. Luchó en la guerra y no le rozó una bala y vivió casi 90 años completamente lúcido. Organizando y mandando hasta el último suspiro.

Lo que se llama morir con las botas puestas, sí señor.

lunes, febrero 19, 2007

La mala educación

Hay que ver lo que me cabrea la mala educación. Siempre digo que puedo acostumbrarme a cualquier cosa menos a eso. Hace muchos años tenía una "amiga" (que, por supuesto, acabó dejando de serlo) que unos días te veía y te echaba los brazos al cuello y, otros, simplemente te decía un seco "hola" o, directamente, se hacía la sueca.

Nunca he soportado a este tipo de personas. Este post podría ser abstracto o decir que conozco a quien que no sé qué pero no. Me apetece ser clara y diáfana como es mi natural estilo, tan poco atractivo para los gallegos. Esto va dirigido a una persona en concreto. Una de esas cuyo número de móvil se ha ido al valle de los caídos de las ondas de vodafone. Se ha caído otro, éste, como todos, por méritos propios.

Un día me pediste que dedicase un post. Esta vez, sin que me lo pidas, lo haré yo de "motu proprio" porque me da la gana. Me parece asqueroso que haya personas que puedan comer contigo, charlar, reír, dormir y contar intimidades y que, luego, en la trasnformación nocturna entre humo y alcohol, se comporten como si no te conociesen de nada y te digan un "hola" de compromiso.

Me parece triste que tengas tan poquita calidad humana para no tomarte la molestia de tomar un café con una persona para despedirte y desearle buena suerte en su nueva vida porque tienes un compromiso ineludible con tus amigotes (si es que parece que tienes dieciséis años) para alternar con loritos reales y hacer "barring".

Lamento profundamente _y por ti, no por mí, aunque no te lo creas_ que te empeñes tanto en repetirte tu película y que, en el fondo, ni siquiera consigas creértela. Que digas que te caigo "tan, tan bien" y que luego, como prometiste, lo hagas todo mal y estropees algo que podría haberse convertido en una bonita amistad. Y no como tú pensabas que a mí me podía molestar, con esa vanidad masculina que tan felices os hace. A mí no me preocupa con quien se acuestan los demás _y si me importa y no tengo compromiso, asumo mis decisiones y hago uso también de mi libertad. Me funciona de maravilla_ pero sí cuál es su comportamiento conmigo.

Soy lo bastante natural y auténtica para esperar esa mínima correspondencia. Es triste que, de tanto posar, no des para más. Dices que no tienes ni quieres tener amigas. No me extraña nada. Dice muy poco de ti que cambies radicalmente su actitud social sólo porque una no está disponible sexualmente o porque no lo estás tú.

Te precias de tener buena relación con todo el mundo, de ser un gran relaciones públicas. Será en el trabajo, muchacho, porque en las relaciones humanas careces de muchas dotes que tienen que ver con el saber estar, la clase y apreciar lo que vale la pena de cada persona.

Lo dicho. No quieres amigas. Peor para ti, créeme. Yo lo soy y de las buenas. Es una pena que, atrincherado en tu disfraz de carnaval, te niegues a reconocer lo que sientes, lo que te duele, lo que no y que, incluso, tengas el valor necesario para decirle a alguien: Adiós.

Lo siento por ti. No sabes cuánto.

domingo, febrero 18, 2007

Dispersión y canciones sentidas

Y sigue el carnaval. No me gusta nada. Un montón de gente con ropa horrible estorbando en todos los pubs. Menos mal que cada vez hay menos y, como en Santiago siempre llueve, el clima no colabora.

La noche del sábado me sentía "mataora" así que opté por vestirme a tono. Elegí la minifalda más escasa que tengo, botas altas (era demasiada cacha para enseñar aún con ellas...), top no demasiado exagerado pero con su escotillo y tal y... ¡hale, de marchita!

Una de mis amigas me quemó las medias en el primer local y menos mal que estábamos con las celebraciones de Don Carnal y Doña Cuaresma. Así, si alguien preguntaba, siempre podría contestar que había intentado disfrazarme de tía buena y me quedé en putón verbenero. El chico más guapo de la noche se perdió a primera hora de la ídem (arf, qué fastidio) y eso que cruzamos miradas de lo más evidentes. Entre bareto y bareto, festejé mi más que presumiblemente última noche loca tomándome un cubata en vez de cerveza, algo que no hacía desde hace años, y un pitillito que acabé tirando porque me estorbaba.

Estoy mirando los precios de pisos compartidos en Madrid y me dan espasmos. Quiero conservar mi casa aquí, así que no sé cómo diablos voy a poder con tanto gasto. Es carísimo pero no tiene sentido compartir piso e irme a vivir al quinto pino. Ya de estar sólo unos meses, que sea cerca de la oficina. Y he de conservar el piso de Santiago. Es mi seguro de vida para volver cuando me dé la gana y mi reposo a la vuelta de cada semana. Pero todo quizá sea mucho dinero. En fin, haré como siempre, seguir improvisando.

Compartir tiene su aspecto atractivo. Si me encuentro gente maja, al menos conoceré a alguien. Si no, tampoco pasa nada, en verano me largaré. Qué complicado es esto de instalarse.

Por otro lado, me queda un sábado de semifiesta antes de partir. Tal vez ni salga o me monte una fiesta privada. Tampoco tengo mucho concepto de despedida, estaré aquí todas las semanas pero, qué sé yo, dentro de mí sé que todo está cambiando y sucede tan deprisa que no tengo el menor control de la situación. O sí, pero con el piloto automático.

Charlando con el chico más macizo que he conocido en los últimos años me habían salido un montón de temas para desvariar en cuanto a las relaciones humanas pero se me han olvidado. Es lo que tiene la locura, cuando te saltas una pastilla, estás lobotomizada.

Creo que por hoy ya he dicho bastantes tonterías. Gracias por vuestra paciencia al leerlas. Es que ando algo dispersa. ¿Se nota mucho?

Ya decía yo...

Por cierto, ésta es la canción que quería poner el otro día. Esta canción va dedicada a, como decían las cartas de recomendación, en otro tiempo...

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