domingo, agosto 12, 2007

Hasta siempre, Familia

Aquí me encuentro, releyendo títulos, textos, sentimientos antiguos, pasados, omnipresentes y fugaces.

Ahora el final de toda una etapa es ya una realidad. Abandono la que fue mi casa durante los últimos tres años, me cargo mis niños a la espalda, tomo aire y vuelo en dirección a una nueva vida.

Repaso mis palabras. Reencuentro personajes que adornaron mi vida, la enriquecieron o sólo pasaron de puntillas. Alguno incluso podría considerarse sobrante. Todos han conformado un trocito de mí en los últimos años.

Me voy de verdad. Mis amigos/as me abrazan con lágrimas en los ojos porque saben que nos perdemos. Les miento, digo que volveré, que me verán mucho porque les quiero, porque me los llevaría conmigo pero no estoy en sus vidas y yo debo emprender la mía tan lejos y tan distinta de las suyas. Sin embargo, ya nada me ata aquí.

Mis hijos estarán a mi lado al fin, mi trabajo, mi nueva casa, mis nuevos amigos me esperan a muchos kilómetros. No tengo una casa a la que volver aquí. Sé que la distancia no hace el olvido pero... la memoria es efímera casi siempre.

Quisiera no perderos pero os perderé. Este paseo sin retorno me ha demostrado que pocos afectos resisten al tiempo y la distancia. Yo seguiré queriéndoos siempre porque los poquísimos que me conocéis de verdad sabéis que soy una sentimental, a ratos ñoña incluso, aunque lo disimulo con mi corrosivo sentido del humor. No puedo conservaros porque tenéis vuestras propias familias, vuestras propias vidas en las que, por mucho que os cueste reconocerlo _porque también me queréis con el alma_ yo no tengo lugar hace mucho. No os culpo. La vida, las circunstancias y hasta nuestras personalidades nos condujeron a caminos diferentes.

Le digo adiós a Ana, nueva mamá angustiada, hermana del alma, la de más mala leche. Tan lejos y tan cerca de mí. Tan de verdad siempre.

A mis Tatas, tan dulces, tan tiernas, mis hermanas de ultramar que me recogen cada Navidad dejando pálido al anuncio del Almendro.
A sus maridos, que me soportan por allí y sacan siempre una copita a su alcohólica, extravagante y excesivamente habladora amiga.

A "Tuni", grande, generosa, valiosa y desperdiciada. La única que estoy convencida que lo mejor que podría hacer por sí misma es venir conmigo. Pero no lo hará. Nadie está tan loco _o desesperado_ como yo.

A mi Ángel de la Guarda aunque éste me preocupa menos, le perdí hace tiempo en brazos de su amor, y sé que no sufrirá. Él es así, extremo y neutro, derrochador y cutre, valiente y cobarde, único en su especie. Con el trabajo que le he dado, es posible que lo mejor para él es que desaparezca. Lo malo es que le voy a dejar la casa vacía. ¡Qué le vamos a hacer! Todavía no me puedo permitir el lujo de regalar nada... Tendrás que conformarte con mi agradecimiento, mi cariño y mis ácidas críticas que, en el fondo, hasta puede que eches de menos.

A mi prima, que no es mía, que casi no la puedo ver pero la tengo dentro. Que me quiere y la quiero aunque no nos haya acompañado el tiempo de contacto en largos años aunque yo no necesito de esas extrañas mediciones para elegir a los míos. Tampoco tengo lugar en su vida, tiene otro orden, otras prioridades, otras inquietudes. Al menos en apariencia.

A personas que empecé a conocer demasiado tarde y hubiera sido maravilloso poder hacerlas parte de mi elenco de lujo. Como Agustín, tan sensible, con tanto talento, tan dulce y apasionado. Tan persona, tan hombre.

Al Señor Duque le perdí, si es que alguna vez le tuve, en dirección sur un par de días después de su cumpleaños y aún tiemblo leyendo lo que pude escribirle hace ya meses. Tan gran amigo, tan profundo cómplice, tan imposible como todos los milagros.

Ahí te dejo Galicia. Me quedan unos días para decir adiós, recoger mis bártulos y volar tal vez para siempre o tal vez no. Bien sé yo que nada hay seguro ni establecido más que la muerte. Me despido de mis galaicos conocidos, amigos y otras hierbas a las que probablemente no veré. Aprovechad para invitarme a una copa de champagne si estáis a tiempo y, si no es así, alzad un brindis silencioso algún día que os sintáis con deseos de celebrar.

Ya tengo un piso precioso que llenar de trastos, un cierto grado de estabilidad laboral y un destino. Me ha costado años, sangre, sudor y sólo yo sé cuántas lágrimas. Ha sido un camino lleno de espinas,largo, demoledor a veces.

Pero aquí estoy. Como siempre, dispuesta a comerme el mundo a bocados. Y si no, a comerme lo que sea que merezca la pena, que algo habrá. Ya se sabe, "que no me entere yo de que ese culito (el mío, que a mí me ha tocado siempre salvarlo) pasa hambre".

Pues eso mismo. Espero que todos los que amo os tropecéis de vez en cuando en mi camino. Ya sabéis, "De Madrid al cielo". Lugar de paso. Nunca penséis que es demasiado tarde para visitarme. Mi casa está siempre abierta a los míos y a todos los buenos que estén por venir.

Y, como de costumbre, con un ojo atrás, camino hacia adelante con expectación...

Esperando acertar.

miércoles, agosto 01, 2007

¿Hay alguien ahí?

Llevo, aproximadamente, unos dos siglos sin escribir.

Quería hacerlo cuando hubiese apuntalado o desapuntalado mi vida laboral (dejando al margen que no he tenido tiempo ni para respirar) pero sigue todo en el aire, hasta el último día. Qué cansancio, señores.

Hemos estado toda la empresa trabajando en nuestro evento más importante del año y regresamos con cierto síndrome de Estocolmo, tras 15 días de trabajo enloquecido y la compañía permanente de unos y otros. Es como un Gran Hermano. Todo el día viviendo por y para el evento, con los compañeros atacados como tú y al final te abrazas con todos ellos y descubres por qué los de la tele lloran como si el impresentable de turno que sale de la Casa se marchase al Corredor de la Muerte.

Ahora he regresado, no sé todavía si alquilar piso o pedir en la calle (¡Joé, cómo me aburro de repetir estas cosas!)

Me quiero quedar en Madrid, estoy empeñada en hacerlo. Pero no es tan fácil como pudiera parecer.

Me duele todo el cuerpo de trabajar y de ausencia de sexo. Ya sé, ya sé, siempre acabo hablando de lo ÚNICO pero es que mi faceta más frívola me relaja. En cualquier caso, es cierto, tengo que conocer a más hombres por estos pagos, que me estoy oxidando, como el Caballero del legendario libro.

Unos mimos me vendrían de lujo pero tampoco hay que pedir peras al olmo. Creo que saldré de cacería por aquí y por allá (o sea, Madrid y Santiago) para pasar un poco el rato y desconectar de la locura laboral.

Me he dado algún capricho en las rebajas. Un pijamita corto de Lolita que algún hombre morboso e inteligente debería ver (creo que pido demasiado), ropita interior y alguna cosilla más. Llevo un perfume activador de feromonas masculinas pero me preocupa que se me acerque tanto veinteañero de la línea inferior (o sea, menor de 25) y le tenga que explicar que soy una mujer demasiado pecadora para su tierna edad.

Estoy guapa y no me sirve para nada. Mañana mis compañeras de trabajo y yo cerraremos un balneario para darnos el merecido relax tras tan duros meses.

Y digo yo que por qué no podrían traer tíos buenos como los de las fiestas de Play Boy (en tía) para ser utilizados por nosotras como cachos de carne. O para mirarlos como cachos de carne si no se dejan más.

Esta semana sabré si me quedo o si me voy y esta incertidumbre acaba con un santo. No tengo machaca oficial ni extraoficial así que tendré que salir a buscarme el pan “in the heat of the night” o, fabricármelo en casita, aunque sea de tapper…

Bueno, ya veis, todo ideas deslabazadas. En realidad, sólo quería deciros que he vuelto y que os espero.

Si es que queda alguien ahí….

miércoles, julio 04, 2007

Cansancio

Lo primero, agradeceros a todos vuestro apoyo y buenas intenciones. Lo segundo, poneros al día de que _o mucho me equivoco_ o voy directa al desastre.

Mi jefe no parece saber qué hacer conmigo, habida cuenta de que voy de puesto en puesto y tiro porque me toca sin que me dé tiempo a asentarme en ninguna parte, sin explicaciones y con el argumento siempre de que no tengo “capacidad para aguantar la presión”. Esto no me hace gracia porque la cosa no es para risas pero si algo me ha tocado comer a lo lado de mi vida, eso es presión. En fin, que no le gusto y no se sienta a hablar conmigo de mis circunstancias laborales.

Me queda un mes de contrato y ahí puede pasar cualquier cosa. Por de pronto, he suspendido la búsqueda de piso, una búsqueda que es directamente proporcional al descenso de mis responsabilidades cada día que pasa.

Vivo en la angustia permanente de quedarme sin empleo en un mes, con mis hijos conmigo, sabiendo que en Galicia no hay manera de trabajar y que, habiendo sitio aquí, es más difícil sobrevivir buscando y manteniendo un piso con dos peques. Una pesadilla, vamos.

Hoy voy a hablar con mi jefe, que rehúye el tema (mala señal), pero el estress emocional que estoy pasando no me permite seguir así, al margen de cuestiones prácticas que hay que resolver.

No quiero volver a Santiago. Me gusta Madrid, me gusta mi nueva vida aquí y, además, allí he buscado durante años mi sitio y no lo hay. Pero seguir aquí sin trabajo, aunque sea para buscarlo, es una misión imposible. Un piso cuesta mucho dinero, dejar con alguien los niños, también y yo sigo haciendo movimientos de equilibrista en el alambre.

Triste es también que hayan logrado que me sienta incompente, irreciclable y bastante inútil. Siempre me las he apañado bien con todo lo que he tenido que ir haciendo, aunque me daban un margen _pequeño pero margen al fin_ para poder hacerme con la labor asignada. No sé si realmente estoy perdiendo capacidades o, simplemente, mi mala estrella no me abandona. O un poco de las dos cosas.

Ahora pienso en cómo reasignarme, en qué haré con mis niños de cara a Valencia, en qué haré con mi vida de cara a la fatiga que tengo ya de pelearme contra todos los elementos. Se me agota la paciencia y continúo sacando fuerzas de no sé dónde preparándome para lo peor.

Estoy cansada, muy cansada.

domingo, junio 24, 2007

La familia "toma" Madrid

No parezco encontrar tiempo ni momento para nada. Sólo en mis escapadas a la que ya pronto dejará de ser "mi" casa compostelana_con las quejas de mi compañero de piso que no quiere que me lleve el sofá y alguna cosa más..._ tengo las noches y la conexión necesaria para volver a mi hogar virtual.

Heme aquí mirando por internet el famoso catálogo de Ikea por primera vez (me ha parecido que tenían cuatro cosas, seguro que no he navegado bien) y rebuscando por centésima pisos maravillosos a precios horrorosos pero accesibles.

La semana que viene mis niños llegan a Madrid. Me quitaré la presión de las despedidas y de las idas y venidas y, a cambio, tendré durante el primer mes al menos, la de ver dónde y con quién los dejo. He visto un piso que debería ser mío pero no puedo pillar antes de agosto porque no estoy para tirar dinero. Creo que le gusté al propietario. Es joven y yo parezco una persona decente. Me refiero a que no tengo aspecto de hacer fiestorros en casa, al menos delante de los caseros. La verdad es que "en casa" no los hago. Madrid tiene mucha fiesta para irme a armarla con mis pequeños roedores.

Vivo con cierto luto la posibilidad de separarme de mi compañera de fatigas desde que puse los pies en Madrid. No está en mi ánimo perder el contacto (soy muy pesada con la gente que me importa y no me largo de sus vidas así como así) pero no es lo mismo cenar juntas, rajar un rato y dormirse en el sofá, también juntas, cada una por su lado, eso sí, cada día.

Hemos sido y somos confidentes, compañeras de juergas, _junto con alguna espía hechicera que anda por aquí de cuyo paralelismo en nuestras vidas y hasta en nuestros signos algún día daré cuenta, cuando nos conozcamos mejor_ y un poco hermanas. Me ha "prestado" a alguna de sus primas (tan simpáticas, tan guapas y tan acogedoras que nunca me he sentido de sobra). Le digo que se busque otra compañera de piso porque le vendrá bien y porque le deseo lo mejor. Y en el fondo no tengo ni puñeteras ganas de ser sustituida tan pronto. Me da miedo que se cumplan esos presagios de que en Madrid la gente está muy lejos y no se ve. Yo no voy a colaborar pero, como mami de dos peques, los fines de semana conmigo no son el plan más alucinante para una chica soltera en edad de merecer.

Ha sido mucho más que un acuerdo económico. Me sentí en "casa" en cuanto crucé la puerta de la suya. Jamás estuve incómoda o cohibida y, aunque suene raro, yo en el ambiente de los demás son más bien retraída. Me ha reñido alguna vez, con ese genio noble de Castilla, para darme caña, yo también la necesito de vez en cuando. Quiero a mi compi y me pone triste que sea imposible que siga siéndolo por más tiempo. Me alegra tener a mis hijos al fin conmigo, intentar hacerme con una casa, vivir una vida normal y romper el cordón umbilical con papaíto. Para mí no es problema, combino mi faceta nínfica, trabajadora, amiga, traviesa y madre sin mucha dificultad. Pero me encantaría poder vivir cerca de M. Lo malo es que los pisos donde estoy ahora son caros y escasos, sería un milagro encontrar algo cerca. Ya he organizado el modo de salir los jueves y que regresar solas a casa no sea un problema. A veces, parece que, en vez de mudarme a algún barrio de Madrid, me voy a Alemania. Y no quiero que sea así. Es más, no me da la gana.

Yo soy así, un poco pánfila. Me encanta querer a la gente. No a toda la gente, no soy tan estúpida. Pero me parece tristísimo no darse a la amistad si ésta ofrece señales de ser verdadera. Me he equivocado algunas veces pero las cuatro o cinco que he acertado ha sido a lo grande.

Mi vida sigue siendo una improvisación (en realidad, lo es la de todo el mundo, lo que pasa es que lo mío "canta" más). Espero ordenarla en unos meses y poder empezar a pensar en echar raíces.

Mi casa espiritual está patas arriba. Sin tiempo para pensar en tonterías emocionales con los hombres (aunque siguen pareciéndome una diversión sin igual), pretendo crear un hogar sin saber dónde estará mi piso, qué muebles llevaré o venderé, cómo diablos me mudaré y cómo saldré parada de un julio laboral en llamas. No estoy asustada _el miedo paraliza, yo no me puedo permitir estas cosas_ sí preocupada. Razonablemente preocupada.

Me voy a ir con todas las consecuencias. Ya mi vida pertenece a otra ciudad y a otras gentes aunque sea imposible olvidar a los míos que ahora viven tan lejos de mí que no puedo verles ni cuando estoy en Galicia. Quiero una casa bonita para que mis hijos no tengan que cambiar de colegio más veces y un sueldo decente para poder mantenerlos sin vivir permanentemente al límite. Son muchos deseos, no se cumplirán todos, pero el que no llora no mama.

Quiero paz y estabilidad laboral. Quiero crear mi nueva familia madrileña _hasta tengo alguna lectora fiel y encantadora persona que me regaló mi compañera_. Temo sentirme perdida cuando estemos los niños y yo solos ante el peligro. Que nos pase como ahora, que lo hacemos todo los tres y nadie más, salvo excepciones.

No es el final de nada. Es el comienzo. Lo afronto con esperanza, con ilusión y esperando crecer. Me pongo como meta no dejar pasar a nadie que valga la pena, luchar para hacerme mi sitio en el trabajo, para que los niños estén contentos y se sientan seguros de una vez, tener amigos que me endulcen y a los que endulzar la vida.

Me pongo como meta una vida plena, sin estridencias, pero plena.

Seguramente pasaré toda mi existencia intentándolo pero...

¿A alguien se le ocurre algo mejor que hacer?

miércoles, junio 13, 2007

Fantasmas con sabor a miel

Tengo mi espacio _cada vez menos privado- abandonado. No es por falta de ganas, escribir es una catarsis placentera para mí, lo que no me sobra es tiempo. Un tiempo, por demás, cambiante, curioso, sorprendente.

Es lo que tiene el verano. De pronto, vivo reencuentros insospechados, llamadas de números desaparecidos de mi listín (siempre había pensado que la gente miraba atrás en su agenda pasado el verano, época de renovación, faldas cortas y cachondeo fácil y… resulta que este año parece que no). Y no una ni dos, señores.

Una en concreto sí que ha sido el auténtico reaparecer de un fantasma del pasado. Siempre viví su marcha _obligada por motivos laborales_ como algo inevitable y con la resignación de quien recuerda un difunto: ese precioso ser que se ha muerto, guardas un recuerdo hermoso pero no sufres porque no ha vuelto porque sabes/crees que nunca volverá a cruzarse en tu camino.

Y de pronto, la tensión, sabores aparentemente olvidados que parecen no haberse ido nunca al volver a probarlos. Saben bien, no producen acidez, no guardas resquemores. Y empiezo a pensar en el destino y a preguntarme por qué le vuelve a traer a mi vida tan lejos, en otra ciudad, en otra vida. Sospecho que, como siempre, esa sinvergüenza _la vida_ me puteará un rato, me hará probar la miel y se la llevará de nuevo. Pero, ¡Qué diablos! Este paseo no se llena más que a base de momentos sabrosos, apasionados, tiernos, divertidos, emocionantes, curiosos, peligrosos. El resto es vegetar. Y yo no soy ningún vegetal.

Así que saborearé mis fantasmas del pasado, les daré alma por un tiempo y, como de costumbre, les dejaré ir sin mucha pena. Porque siempre sé que habrá otro y otro y otro… Nadie es imprescindible (especialmente yo) y el mar está lleno de peces.

Habrá quien considere esto disipación. Yo lo llamo pragmatismo. Por el momento, nunca tengo problemas para encontrar compañía de las características que me apetezcan. Así pues, aprovecharé todo lo que me dure ese momento y luego ya me meteré a monja carmelita. La experiencia me demuestra que, tras una ilusión, aparece un hombre-puente, una gran pasión o un entretenimiento. Lo que sea que me permite no añorar a nadie porque nadie lo merece. Tal vez encuentre algún día alguien que sí lo merezca _que lo dudo_ pero creo que ya estoy lo bastante blindada como para que el luto dure lo que me duran todos: una semana, más o menos…

Ahora, mis esfuerzos se concentran en encontrar un piso, lograr una mejora salarial y recibir algún mensaje que me haga latir el corazón…

Para no olvidar que lo conservo aunque sea con armadura.

domingo, mayo 27, 2007

Propósito de enmienda

Una semana extraña. Creo que entre los efluvios primaverales, la enfermedad mental de mi ex (cada día más evidente), saber que a los niños les está afectando nuestra separación y la permanente angustia de no saber si mi vida laboral se compone o no, estoy un poco "atacada".

Mira que a mí me gusta reírme, lo hago casi como un ejercicio de salud. Me río cuando estoy mal y cuando estoy bien, me río sobre todo de mí misma _no es para menos, la verdad_ y me río de todo lo que sirve para esbozar una sonrisa. De hecho, se me conoce por eso. Si un día estoy mínimamente seria, se da cuenta todo el mundo. No hay forma de que un bajón pase desapercibido.

Las ex esclavas me miran a la cara y lo saben, mis amigas no se creen ninguna milonga cuando hablo poco, hasta mi jefe me dice uqe no le gusta mi expresión. A veces desearía no ser tan transparente en este aspecto. No me funciona la cara de póker. O sí, cuando la pongo, todo el mundo se preocupa. Hasta yo.

En la permanente mutación que es mi existencia _y la de todos, supongo_ me redescubro sintiendo cosas inadecuadas por la persona inadecuada (esto no es tan raro pero el tipo de circunstancias sí lo son). ¿Por qué ha de ser que, cuando realmente tienes sintonía con alguien, nunca puede ser? Las leyes de los hombres mandan. La mal denominada buena conciencia, el miedo a dar saltos mortales _perfectamente respetable pero mucho más grande en el caso de los hombres_, los sentimientos que sorprenden cuando uno cree que su vida está "ordenada".

¿Estar bien es estar enamorado? Estar cómodo, seguro. ¿Es eso? No lo pregunto con ironía, creo que nunca he vivido el amor al cien por cien de forma correspondida.

Supongo que lo ideal sería poder dejarse arrastrar por las pasiones pero no funciona así. Nos han educado para otra cosa. Yo tengo ganas de hacerlo y nunca puedo/debo/quiero (elija alguna de las tres opciones).

Cuando quiero sentir, no lo logro. Cuando quiero no hacerlo, no puedo evitarlo. Creo que no estoy más loca que el resto del mundo, quizá sólo lo llevo más a gala o soy muy consciente de ello.

Me toca dar pasos en la dirección contraria a la que me apetece. Sé que puedo hacerlo, lo he hecho miles de veces aunque nunca había encontrado/sentido lo que ahora. Tengo que seguir la marcha y me resisto. Ni siquiera por capricho sino porque siento la necesidad de seguir a mi corazón, sólo por un rato. A sabiendas de que volveré, por narices, al ejercicio de "hasta aquí hemos llegado" y "un clavo saca otro clavo".

Hay una canción que me encanta de Shakira, con la que me siento muy identificada, que no puedo quitarme de los labios estos días. Se llama "Inevitable". Me pasa como a ella, creo sinceramente que, "siempre supe que es mejor, cuando hay que hablar de dos, empezar por uno mismo".

Tampoco sé preparar café y si no hay nadie a mi lado, no me baño los domingos. Creo que alguna vez fui infiel, juego mal a cualquier cosa, no entiendo de fútbol e incluso lloro una vez al mes. Sobre todo cuando hay frío. Conmigo nada es fácil, "ya debes saber, me conoces bien".

No encuentro forma alguna de olvidarte porque seguir sintiéndote es... "inevitable".

Prometo enmedarme. Pero todavía no.

martes, mayo 22, 2007

¿Cómo encontrar un "cuelgafácil" en Madrid?

Llevo unos días pregúntame y preguntándole a todas las chicas de mi entorno cómo funciona eso del ligoteo en Madrid. Me tienen confundida estos muchachos, no acabo de cogerles el punto. ¿A qué viene todo esto? Me explico:

Resulta que yo procedo de un lugar donde los hombres suelen ser bastante torpes en el momento de dar el paso para iniciar un “contacto” verbal con la o las chicas que les interesan. Me refiero a la noche, claro está. Cierto es que las gallegas, por lo general, somos _creo que no es mi caso pero no me voy a excluir para que no me llamen engreída_ bastante antipáticas en el ambiente “pubtaurino”.

La cosa, por mi tierra, se plantea así: montones de hombres en grupos, montones de mujeres en grupos y nada de mezclas. ¿Por qué? Ellos dicen que no se acercan por temor a ser rechazados con una mala cara o un buen corte y ellas de que los muchachos no toman la iniciativa. Unos por otros y la casa sin barrer.

A favor de los galaicos valga decir que, una vez que dan las tres de la mañana y ya tienen una ingesta de copas lo bastante contundente, le echan valor y, a veces, entran a matar. Si se encuentran con alguna sonriente y hay buen rollito, se “aparcan” literalmente a su lado toda la noche. Cuando llega la hora de las despedidas (pongamos por caso que no ha habido aún ningún intercambio de fluidos) ellos se hacen los remolones, hablan de tomar copa en casa de alguien o piden teléfonos. Sencillo, ¿No?

Pues una vez llegada a Madrid es donde yo me pierdo. En Madrid, la variedad de “macizan boys” es tal que marea, son majos, simpáticos y bien educados en general. Se quedan contigo toda la noche si hay buen rollo peeeeeeeeeeeeeeeero… al final de la noche… ¡Nada!

No es la primera ni la segunda vez que nos vemos rodeadas por una pandilla de estupendos y guapos mozos, que nos invitan, nos galantean, son amables y parecen encantados de la vida. Sin embargo, al llegar el momento crítico de la despedida… ¡Zas! Nadie tiene valor para pedir los teléfonos y, esto es Madrid, señores. Si le dejas ir sin teléfono, olvídate que nunca más le volverás a ver. Incómoda despedida, unos mirando a los otros y sin que nadie se atreva a decir la frase mágica.

Aquí es donde yo pido encarecidamente instrucciones al género masculino madrileño y que participe del mercado en la actualidad. Yo no tengo problemas en dar el primer paso (los llamo con el dedito, les suelto alguna frase descarada y… listo, ya tenemos compañía) pero con el último tengo muchas dudas. Porque, veamos, si los muchachos se han pasado toda la noche con nosotras es porque interesamos, ¿No? Si llevan toda la noche diciéndote que tienes el mejor culo que han visto en su vida, que si un 10,8 sobre diez, que conmigo al fin del mundo, que tal y que cual… ¿Alguien puede decirme por qué no me piden el teléfono?

Me digo: “Bueno, muchacha, pídeselo tú, qué mas da”. Pero empiezo a pensar: “¿Y si sólo son chicos majos que se relacionan y hasta puede ser que tengan novia?”. O ¿“Y si realmente no quieren mi teléfono?”. ¿Qué hago? ¿Me llevo un papelito y se lo deslizo en la mano al despedirme? (Lo he pensado más de una vez, señores). ¿Le pido el suyo? Más todavía ¿¿Por qué narices no me atrevo a pedírselo??

Ya veis que duda más estúpida, la verdad. Pero es que mis amigas y yo estamos un poco hartas de darnos de cabezazos al día siguiente por cobardes, por no decir la frase de marras y santas pascuas.

Sinceramente, no sabemos muy bien qué es lo que se espera de nosotras. Que demos el siguiente paso o que nos esfumemos pero a esto hay que ponerle solución porque yo estoy en fase de sacarme el clavo de turno y como dicen que un clavo saca otro, intento poner los pies en la tierra y clavar algo por ahí. El fallo es que sólo se encuentran “cuelgafáciles” en los tiempos que corren pero todo sea en pro de restaurar grietas, chapas y armaduras desvencijadas.

Así que estoy dudando entre comprarme un libro de autoayuda que ponga “Cómo ligar y rematar la faena en Madrid” o imprimir unas cuantas tarjetas con mi número de teléfono para repartirlas cuando proceda… o aunque no proceda.

Ains, ¡Qué dura es la vida de la mujer soltera!