viernes, octubre 10, 2008

Oro rubí y cordura para locos

He echado mano de uno de mis más antiguos y placenteros rituales. Ha sido una semana aciaga, no tanto por lo sucedido como por lo que no ha tenido lugar. Son tiempos en que mi cabeza (esa entropía imparable que jamás descansa) me agota, me hace infeliz, deja que los acontecimientos se hagan a mis ojos más grandes de lo que son y la ausencia de ellos me afecte de modo irracional. A mí, la prisionera de la razón. No es fácil ser una paradoja en permanente actividad.

He llenado mi copa de un rioja alegre y sabroso. Como yo, cuando estoy en plenitud; como la vida, cuando decide estar “tan bonita que da gusto verla”; como mi alma, cuando es libre de sus propias cadenas; como mi cuerpo, cuando decide tomar las riendas y someterme exactamente como a mí me gusta.

Lo paladeo en la boca largo rato. Nunca más de una copa en soledad. “Beber más a solas es de alcohólicos”, acostumbro a decir. Por ello la hago larga, interminable, lenta y aprecio su poso con delectación. Corre por mi garganta, como debería hacerlo tu lengua por mi cuello. Me incita, como sólo tú puedes, aún sin estar aquí. Me vuelve peligrosamente consciente de cada poro de mi cuerpo a pesar de que, inexplicablemente, no estás a mi lado para acariciarlo.

Los verdaderos placeres de la vida cuestan muy poco a nivel material pero mucho a nivel personal. Aprender a valorar cada instante es fruto de una madurez que suele llegar algo tarde.

Me encantaría tenerte ahora entre mis brazos, preso, indefenso, sumiso, para hacer de tu cuerpo mi fuente más egoísta de placer. Sé que mi placer es el tuyo, que tu sufrimiento es un gozoso infierno, que mi cuerpo, un pecado intocable que matarías por destrozar… y yo moriría por permitir que lo destrozases.

Ahora el vino debería correr por mi piel y por la tuya, como a mí me gusta regarte. Chuparía, lamería, acariciaría cada poro para recuperar la deliciosa mezcla de tu aroma, tu sudor, mi saliva y el color rubí con que te cubro. Pero no estás.

Mis sensaciones están tan a flor de piel que habré de dormirlas para poder dormir mi cerebro. Ése que maquina y me incomoda. Ése órgano maldito que no te deja libre para sentir, para vivir, para dejarme que te arrastre al averno.

En cambio, continúo degustando el oro granate que no me calma, no me amaina. Sólo me hace más consciente de que aquí está tu lugar. Y ni siquiera lo sabes.

Hoy dejaré que me haga perder la cabeza tu recuerdo.

Mañana haré que sea mi cuerpo quien te haga perder la cordura.

Y te cubriré de cordura sólo para locos.


8 comentarios:

lectora anónima dijo...

La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio.( No es mio.. eh, es de un tal Unamuno)
Me encanta como escribes.

Besos.

ninfasecreta dijo...

Que sabio tan pesimista nuestro querido Unamuno...

Gracias, guapa. Me encanta que me leas.

Un beso

Anónimo dijo...

YO diré otra:
La locura, la verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca
Heinrich Heine
A mí también me encanta leerte.
Un beso enorme.

ninfasecreta dijo...

Cuánta sabiduría filosófica... Ya empieza a gustarme que mis amigos me digan (cariñosamente) que estoy loca...

Gracias por visitarme.

Otro besazo para ti

d. de ramales dijo...

Mira, pues hoy precisamente te he llamado "loca" :-)

Sabes que es con cariño, y que eres la loca más cuerda (y a veces la cuerda más loca) que conozco :-)

A mi no. No me gusta nada cómo escribes, y tampoco te leo nunca, ni tampoco eché de menos el paréntesis... ¡Hala! :-P

¡Salud!

ninfasecreta dijo...

Queridísimo señor Duque, qué honor tan añorado un comentario vuestro...

Me alegra sabe, aún sin gustaros mis letras, seguís ahí, como buen vasallo, pendiente de leerlas... :P

Un besazo, noble señor...

Félix dijo...

Qué bonito. Ojalá fuera tan fácil esa venganza. Mi cuerpo te volverá loco...

Sí, estás loca. Se te nota al hablar, aunque el vino haga temblar tus vocales. ¿No es la locura una especie de felicidad?

ninfasecreta dijo...

Querido Félix, eres el primero en definir el nombre de este blog.

Si no fuera por la pizca de locura que me impregna, sería incapaz de ser feliz con nada. Y aún lo soy con muchas cosas.

Y esa venganza será tomada...

Un besazo,señor escritor