lunes, mayo 12, 2008

Una vida sindiós

Por primera vez en mi no tan larga como densa vida, me encuentro cuestionando la existencia de Dios. A mí me educaron como creyente a la antigua usanza. Con los años me fui quitando de encima muchas señales de esa educación pero he seguido teniendo un grado importante de espiritualidad.

Me he creído durante mucho tiempo que las cosas tenían un sentido, que había un ser que, de un modo u otro, me protegía o me observaba y que conocía las claves. Hoy no tengo nada claro que ese ser exista.

He pasado por muchas pruebas desde que nací. He padecido una infancia en un ambiente familiar difícil _por decirlo de un modo suave_, he visto morir repentinamente a un padre aún joven, a dos hermanos en la plenitud de la vida, he visto derrumbarse mi matrimonio, mi trabajo y mi supuesto plan de vida estable. He visto desvanecerse mi tan cultivada independencia, me ha mortificado el paro durante años, he vivido y vivo en soledad pero nunca, nunca, hasta ahora, había dudado de que el Dios en el que yo creía acabaría por darme un motivo, una salida.

No le encuentro el menor sentido al permanente desatino que es mi existencia. He dado saltos mortales para rehuir un destino que se antojaba inexplicablemente amargo. No he temido dejar todo lo que conocía atrás para caminar hacia delante. Pero nada parece suficiente. Los golpes nunca son bastantes. El Dios en el que yo creo me da la espalda, como si se solazara en esas estúpidas parábolas tipo santo Job con las que la Iglesia intentaba convencerte de que cuanto más sufrieses, más compensaciones recibirías para que te convirtieses en un buen vasallo para los señores feudales.

Yo ya estoy cansada de luchar contra los elementos y de ver cómo tras cada muro hay otro que, al menor despiste, se me cae directamente encima. No sé qué tengo que hacer porque nada sirve, nada es suficiente. Y ya sé que hay gente que sufre mucho más que yo pero también la hay a mares que sufre mucho menos. Yo sólo le pedía a ese Dios una vida normal, con sus alegrías, sus sinsabores pero con un mínimo de serenidad. Desde niña no he pedido otra cosa y nunca me ha sido dada.

Estoy hastiada de que la vida se burle de mí y de que nada parezca tener solución. Estoy aburrida de pelear y no recibir más que golpes. Desde luego, tal vez vivir sea bello, pero más para unos que para otros. Yo sólo vivo, desde hace décadas, porque es mi obligación. Una obligación cada vez más pesada que, por mucho entusiasmo que le ponga, por mucho que intente disfrutarla, se complace en hacerse más y más difícil.

Hoy estoy enfadada con Dios, si es que existe. Porque no le entiendo, porque no me cuida y no puedo entender que quien se supone que me ama permita que todo me salga tan mal. Hay vulgares seres humanos que me quieren mucho más. Al final, será verdad que no existe y yo llevo toda mi existencia haciendo el primo.

Como en la canción de Serrat, la vida me besó en la boca, me hizo creer que estaba en buenas manos… y un día me desperté sin saber qué pasa, chupando un palo sentada… sobre una calabaza.

Durante un año complejo pero esperanzador pensé que la pesadilla había terminado. Me equivoqué, era entonces cuando dormía. Me ha despertado con otra bofetada.

Y todo es mentira.

8 comentarios:

Solitaire dijo...

Hola:

La vida no es un asunto de Dios; es asunto nuestro, y del azar. Podría definirse como un impulso que pretende permanecer pese a todo y contra todo, impulso que nos trasciende en nuestros hijos. La lucha es connatural a la vida en todo momento; en algunos parece no haber salida; solo queda continuar hasta el final, porque hasta entonces habrá aliento.

Una transfusión de ánimo.

María dijo...

Hola, Nena querida.

Hoy tomo prestadas las palabras de Antonio Gala para expresar lo que quiero decirte. Las encontré por casualidad, como suelen ocurrir de forma absurda las cosas importantes de la vida. Un abrazo enorme.

Es hora ya de levantar el vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.

No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el hondo velo.

Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,
álzate tú, versátil y valiente.

Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.

Ninfasecreta dijo...

Muchas gracias, niña. Adoro a Gala y el poema, aunque me cueste admitirlo y asumirlo, dice grandes verdades.

Y así será, seguiré viva. Aunque me cueste y, a veces, hasta me duela.

Un abrazo, preciosa

Y sin embargo dijo...

No te conozco personalmente pero tras lo que escribes se vislumbra una Ninfa valiente y luchadora. Es cierto que uno se cansa de atravesar muros, de resolver un problema tras otro y sentir que la luz nunca está al final del camino, pero tú, cual Ave Fénix te has caído y levantado una y otra vez, seguramente, queriendo tirar la toalla en cada nuevo intento. La fuerza y el coraje que te caracterizan impidieron que lo hicieras y lograste salir a flote. En esta ocasión también lo conseguirás.
Un biquiño enorme, ou quizás unha apreta, que nestas ocasións senta mellor. Ti escolles.

Dulce6 dijo...

Hola,

De otrto que tampoco te conoce personalmente, aunque si un poquito por lo leido sobre tí... animo y como decian en lo que el viento se llevo.... "mañana sera otro día", y aunque ahora tengas ganas de tirar todo por la borda, ya veras como, pronto, mucho antes de lo que puedas imaginarte, te levantaras otra vez,

Besos, y animos.

Sol dijo...

Animo guapa! muchísimos besos, ya verás, aunque te lo habrán dicho muchas veces y te entrará por un oído y te saldrá por el otro (como me pasaba a mi)
"cuando se cierra una puerta se abre una ventana"

(y entonces piensas, si claro, dónde?)

Félix dijo...

QUé pena me da escucharte así. ¿De verdad no tienes nada bonito en lo creer? Tus hijos, por ejemplo?

Sí, sé que a veces no se puede evitar pensar, que sería mejor poner los ojos en otro sitio pero es imposible no planterse ¡¡¿¿Por qué??!!, pero seguro que encuentras la luz, aunque no sea divina, porque siempre hay algo en lo que creer, algo que nos mueve los pies hacia delante sin saber dónde está la luz.

Ten confianza.

Ninfasecreta dijo...

Félix, precisamente por mis hijos es por lo que más me hacen sufrir estas cosas. Si su bienestar no dependiera de mí y de esta vida de mierda, yo estaría más tranquila.

Si pudiera garantizarles a ellos la alegría y la tranquilidad que yo no tengo, sería suficiente.

Pero no, ni eso me dejan....