miércoles, abril 04, 2007

Modelos de supervivencia

"Disfrutemos de lo que tenemos aunque no sea siempre lo que queremos”. Esta sabia frase no es mía, es de una amiga, pero me parece tan brillante que creo que me da para un post entero y parte de otro.

La frase se puede extrapolar a absolutamente todo en nuestras vidas pero, claro está, en este contexto tenía nexo directo con las relaciones interpersonales. Hablábamos de ese muchachote con el que te lías que no te importa demasiado, no es el chico de tus sueños ni nada de eso pero… nos sirve para un apaño. Sí, chicos, a nosotras también nos pasa.

Lo que “quieres” suele o debe ser más ambicioso para todos. Sin embargo, la experiencia nos vuelve, si no conformistas, al menos mucho más realistas. Así que te arrojas a los brazos hoy de uno y mañana de otro sin poder evitar cierta sensación de vacío en más de una ocasión.

En una de mis pequeñas ágoras femeninas, tres mujeres analizábamos en qué medida nos afectaba ese hueco de nada que queda en el estómago y, sobre todo, si por mucho que ellos digan, no sufren los hombres también del mismo mal. Ya sabemos que está disfrazado por siglos de cultura machista en la que el Macho Alfa tiene como honor pasarse el día esparciendo sus millones de polvitos mágicos. Con este precedente, queda feo hasta decir que pueden estar hastiados de sexo sin amor o sin chispa o sin ilusión.

Éramos tres mujeres bien diferentes: la escéptica, hiperrealista y pragmática, la romántica frustrada por años de vacío y anclaje emocional a una relación pasada y la más joven, vital, también romántica, pero impregnada ya de ese punto de practicidad tan necesario para sobrevivir en la jungla sentimental.

La hiperrealista pragmática sabe que las posibilidades de encontrar una relación romántica no pasan del treinta por ciento y esto siendo optimista. Así que, visto el mercado, se disfruta mientras de lo que se tiene y no se añora lo que se quiere. ¿Cómo? No pensando demasiado en ello y dejando las aspiraciones emocionales a la misma altura de la catadura moral de lo que se encuentra por ahí, que deja bastante que desear.

Ya no se parte de conocer a alguien y pensar en llegar a “algo” (¿A qué diablos le llamamos “algo” hoy en día?). Una hiperrealista tiene mucho cuidado de no encariñarse hasta el punto de tender a la exclusividad. En el momento en que cae en la tentación de ser exclusiva la opción es clara: salir huyendo porque desear estar sólo con un hombre genera una más que peligrosa predisposición a regalar algo que el otro no merece, aprecia o desea. La otra es buscarse otro clavo que evite centrar el deseo y los pensamientos siempre en el mismo. Ambas funcionan bien y son válidas para la pragmática. Índice de sufrimiento… escaso. Un par de días recordando alguna cosa bonita y … ¡Que pase el siguiente!

La romántica frustrada está destinada a pasarlo muy mal hasta que algún mamarracho la haga despertar con alguna frase fuera de lugar o la ausencia total de caballerosidad que estamos padeciendo en los últimos tiempos. Anclarse en el recuerdo es muy dañino y doloroso por cuanto el tiempo miente, disfraza, adorna y sublima el pasado. Se difuminan los defectos, los malos ratos, el hastío. Y ponemos en un pedestal una relación que, aunque fuese hermosa en su día, se murió. Y a los muertos hay que enterrarlos. El día que ella entierra al “muerto”, da su primer paso hacia mejores puertos a los que arribar.

La vitalista romántica evolucionada hacia el pragmatismo bebe de todas las fuentes: de la desilusión, de la esperanza, de la necesidad de ternura, de la capacidad de disfrutar de la libertad. En ellas se pierde a ratos, aún no sabe por dónde camina. Ése es el don de la juventud: aún se deja ir sin estar demasiado angustiada por saber adónde. Ansía amar (como todas aunque cada cual se defiende de modo diferente) pero sabe que ni es fácil sentir y mucho menos encontrar. Es la chica que disfruta lo que tiene a pesar de que no sea siempre lo que quiere. La pragmática también pero con menos expectativas. La romántica aún sufre, sin embargo renacerá. Esperemos que se acerque más a la creadora de la frase. Es la que tiene más puntos para ser feliz.

Suponiendo que la felicidad y el amor existan

10 comentarios:

Shutt dijo...

Alguien dijo una vez "El que busca, encuentra..." pero creo que lo crucificaron antes de acabar la frase porque le falto decir "...pero si tardas en encontrar lo que buscas te conformaras con lo que llegue".

Triste es ver como bajan listones imposibles para llenar el tiempo vacio y sin sentido de la soledad, el conformismo es solo una triste parte de nuestros dias en los que "las exigencias" dominan las relaciones humanas y los despotismos masculinos inundan de muescas sus culatas con incontables relaciones que solo llenan unas horas de los dias vacios de sus vidas.

Lo que cuentas, Ninfa, nos pasa o nos ha pasado a todos, la diferencia es que vosotras lo llamais por su nombre y nosotros lo llamamos "conquistas", que ilusos somos los hombres ¿verdad?.

Saludos y besos "hada del norte" en la capital del reino.

Pocho dijo...

Acabo de entrar por primera vez en la bitácora del cineasta Nacho Vigalondo, anunciada hasta la saciedad en la página web de El País.
La citada bitácora no le llega a la suela del zapato a la tuya, Ninfa. ¡Qué injusticia!
Pero, claro, no te llamas Nacho Vigalondo ni eres cineasta. Por eso El País es así de injusto.

Diletante dijo...

¿"Conquistas"? !Dios mío! !cuanto tiempo sin escuchar/leer semejante vocablo!.

Un poco de allí, un poco de allá y "ná de ná", pero bien está ¿no?. En fin, condenados a pasar nuestro corazón más o menos atormentado (o victimista) por entre las piernas y las palabras lisonjeras de los amantes de turno.

Ninfas y faunos buscando en los bosques, y deteniendose a mirar en el follaje de cada arbol, por si el azar quiere que su fruto les dulcifique las carencias.

De ilusos es pensar que encontrar esa cursilada del "gran amor" es sólo cuestión de espera, o incluso de ardua búsqueda. Pero mayor estupidez es pensar que una vez hallado el trabajo terminó.

Saludos postvacacionales :-)

Anónimo dijo...

Obviamente, Ninfa, tu eres la "vitalista romántica evolucionada al pragmatismo", ¿no?. Déjame decirte, querida, que bajo ese paraguas nos cobijamos la mayoría, somos la ojiva de la campana de Gauss, o sea, nada original, pero si reconfortante.

ninfa secreta dijo...

Obviamente, anónimo, no me sigues lo suficiente para adjudicarme categorías emocionales y, obviamente, "querid@" que no, ojalá fuese la vitalista romántica pero no lo soy.

Ni siquiera tengo por qué ser ninguno de los tres modelos.

ninfa secreta dijo...

Pocho, gracias por tus halagos, me parece que no eres muy objetivo XD

Diletante, el nombre te va al pelo, te has perdido un poco por el camino del discurso pero ha sonado bien xD.

Shutt, el único hombre que conozco con una voz crítica a su propio género... Precioso lo de hada del norte. uN BESO

Pocho dijo...

Ninfa, creo que soy del todo objetivo y no me apeo de un burro: la bitácora de Vigalondo no le llega a la tuya a la suela del zapato.
Saludos posvacacionales también, oiga.

Anónimo dijo...

Yo voto por la esceptica hiperrealista y pragmatica, aunque en el fondo todos tenemos un cocktel de todos los modelos de supervivencia. Todo es cuestion de medidas.

Anónimo dijo...

Ya sabes, Ninfa, que eso que llaman amor no es nada más que un estado de estupidez transitoria aderezada con las tonterías que poetas provenzales del S.XII inventaron como cortejo para el apareamiento. Un beso. Javier

ninfa secreta dijo...

Yo del amor correspondido por ambos lados sé poco o nada... Así aunque escéptica... ¡Viva la estupidez transitoria!