miércoles, mayo 13, 2009

Zapatillas mágicas

No es la primera vez que escribo sobre el Metro. En realidad, cada vez que viajo en él o hago transbordos, pienso que, tal vez, lo mío es la sociología en lugar del periodismo. Siento como mío el periodismo porque me permitía vivir de lo que creo sé hacer mejor -o, al menos, con más facilidad- pero me interesan más los comportamientos del género humano tanto en modo grupal como individual que andar a la caza de la noticia. Por eso yo nunca me aburro en la calle, en el metro o en los bares. Me dedico a observar los gestos, las posturas, las miradas. Las curiosas rutinas que hacen diferente cada día de nuestras vidas.

En el transporte público madrileño, uno de los episodios más repetitivos y cansinos es la entrada estelar de un fulano (que parece siempre el mismo porque todos repiten exactamente un único discurso) que dice, a voz en grito, que tiene el sida, familia e hijos y, por dignidad y no robar, viene al vagón a que le solucionemos la vida. Debe haber cientos en la capital. Obviamente, son ignorados pero algo sacarán, si no, no habría tantos. Digo yo.

Estoy en contra de fomentar la mendicidad en cualquiera de sus formas. Deben existir organismos sociales que ayuden a quien lo necesite y que favorezcan la integración laboral. Dar dinero a quien no hace nada sólo es colaborar en la ociosidad. Salvo casos muy puntuales, dejando a un lado que lo primero que me viene a la cabeza es que yo también estoy en la ruina, no doy dinero.

Sin embargo, hace dos días, tuve una visión diferente. En una de las paradas subió una criatura especial . Una hermosa y grácil figura ataviada de negro, alada y con su faz cubierta por una mariposa, silenciosa y mágica como una Ninfa, inició una hermosa danza clásica. Con sus raídas zapatillas negras, se irguió mágica en puntillas, utilizó la barra de sujección para deleitarnos con perfectas acrobacias, al tiempo que danzaba con gran belleza y perfecto equilibrio en un vagón bamboleante.

Su arte nos sacó del sopor habitual. Nadie la ignoraba, muchos apagamos los cascos y la observamos con admiración. La máscara cubría una carita enrojecida por la vergüenza y su esbelta figura era la viva imagen de la dignidad y el arte.

Cuando finalizó, muchos de nosotros no hicimos lo habitual: mirar hacia otro lado. Abrimos nuestros recesivos monederos y aportamos algo para que la ninfa-mariposa pudiese comprarse unas zapatillas nuevas, para premiar su labor, para agradecerle haber hecho entrar un rayo de luz en nuestras grises existencias y olvidar, por un momento, nuestras miserias cotidianas y admirar su talento, el valor de no rendirse y darle vida en donde sea. Incluso en el Metro. Incluso en nuestras abúlicas miradas.

La Ninfa negra y alada recompensó con un toque de varita mágica nuestras modestas donaciones y, sin un sonido, etérea y volátil, se fue como llegó.

Me guardé un deseo:

Zapatillas mágicas para la criatura alada de luces y sombras.

8 comentarios:

tu dijo...

Que chuli, la verdad es que esas apariciones en el metro son muy agradables y de agradecer, sí señora.

Emma dijo...

Siempre hay excepciones, forman parte de la norma.
Y la Ninfa negra probablemente nunca sabrá que le dedicaste estas palabras.
Un besito ninfasecreta ;)

lectora anónima dijo...

Yo me he encontrado con muchos de estos personajes en el metro y en el cercanías de RENFE de Madrid y también me han sorprendido en alguna ocasión.
No he visto nunca a la “ninfa-mariposa” sólo en tus palabras, y me gustaría no coincidir con ella pensando en que le llegaron esas zapatillas mágicas que pediste en tu deseo y la sacaron de allí.
Besos, escritora.

Chipsoni@ dijo...

¿Sigues en Madrid?, ¡estupendo!, lo mismo me paso por allí de camino a Guadalajara a finales de mes o principio del que viene, nos podemos tomar un cafelito, no?

ninfasecreta dijo...

Sí Chipsoni, aún sigo aquí. Por el momento, antes de final de junio no me moveré y luego... pues todo depende... Si no tengo problemas de horario, claro que nos tomamos lo que quieras!!

Bss

Pues sí, lectora anónima, ojalá que su destino esté lejos de los raíles y pueda desprender su magia en lugares más adecuados... Un beso.

No lo había pensado, Emma, es verdad, nunca sabrá que le he dedicado más de un pensamiento. Pero así es el arte: sentimiento puro en transmisión.

Otro beso para ti

carlos dijo...

Cuentas veces habré abierto yo la ventana que tengo en mi sala de estar, esta que se enciende y se apaga, y habré soportado tanta gente en sus Chats y en los Blogs, en sus aridas conversaciones, en sus diálogos afectados y manidos, y en sus futiles notas de prensa...que saludable y que sorpresa ahora, que festín para una mirada hambrienta de bohomía, de naturalidad, de inteligencia y de amor, amargo a veces, pero infinito amor y fé por la vida, cuando a traves de la ventana, decubro y te leo, ninfa-mariposa,piruenteando palabras, tejiendo con ellas algo reconocible y confortable...me subo a ese vagón, suscribo tus palabras y te mando un enorme beso desde São Paulo.

Félix dijo...

¿Y si la vida, de vez en cuando, despidiera estos destellos de belleza entre tanta porquería?

E. Maria dijo...

¡Magia! mientras leia, me iba imaginando en el vagón, con mis oidos ensordecidos al ruido del ajetreo, hundiéndome en el momento de la magia de una mariposa volando... pereciera que iba sentada en ese mismo tren contemplándola...
eso es MAGIA.
Yo, he vuelto a la carga, con mi puta alma, así que nos iremos viendo por aquí. Un saludo.