lunes, diciembre 10, 2007

Sol y persianas venecianas

Lo más parecido a unas vacaciones que me he podido permitir este año ha sido mi puentecito en Málaga.

Nos hemos escapado dos amigas y yo con un destino: el sol.

Cada vez que voy a Málaga me pregunto por qué hay elegidos que nacen en el sur y desgraciados que nacemos en el norte. Yo soy un ser de sol. Una ninfa que es feliz bajo la caricia del astro rey, cubierta de luz aunque la oscuridad me fascine para la diversión, la introspección y el sexo (ya sabéis lo que opino, hacer el amor son palabras mayores y ocurre con tan pocas personas…).

Y es que poder comer en una terraza viendo el mar a 23 grados de temperatura en diciembre me parece un regalo de dioses. Las noches sin apenas frío y la luz, la luz que se desborda y lo inunda todo. Hay que decir que, en este caso, lo inundaba tanto que no había ser humano que pudiese dormir después de las ocho en que amanecía en todo su esplendor y el precioso estudio que nos habían prestado parecía un plató de televisión.

Lo probamos todo. Mantas alrededor de la cabeza, la almohada, maldiciones en arameo y alguna en gallego también. Al final, aceptación y elevación del tálamo compartido, en este caso con M. (que es una mujer y, aunque muy atractiva, incomprensiblemente no estamos todavía lo bastante desilusionadas del género masculino como para hacer otra cosa que intentar dormir), agotadas, con profundas ojeras a desayunar en la megaterraza al sol que tiene el chico en casa. .

Decía nuestro anfitrión que levantarse con energía con el solecito es una maravilla. Está felizmente casado, claro, y no trasnocha. Pero aquí las churris somos jóvenes (o lo parecemos) y bellas y necesitamos relacionarnos. De noche. Con alcohol, música, maromos y esas cosas.

De resultas: noches alegres y mañanas tristes. Media de sueño: cuatro horas. Pero ha valido la pena. Sobre todo teniendo en cuenta que el bendito del propietario del estudio (al que prometemos regalarle unas preciosas persianas venecianas si nos vuelve a invitar, cosa que dudamos) se ha comido una buena bronca con su esposa, que estaba de puente y se mantenía ignorante de que los colegas de empresa que venía a visitarte eran tres nenas.

Por el bien de todos hemos insistido en que se lo contase porque mi melena negra y rizada es muy escandalosa. Se me cae el pelo por todas partes así que imaginaos que no le dice nada y se encuentra tantas pistas del paso de una fémina melenuda por allí. Finalmente la ha puesto al día de que éramos tres chicas y se ha liado pero ha sido mejor así, habida cuenta de que una de ellas se ha dejado la toalla rosita de flores, la muy capulla.

Y es que es lo que yo le decía: “Quillo, por Dios, dile que somos tres mujeres, que tu madre puede jurar que has dormido los cuatro días en su casa y que te divorcies por nada, es tontería. Para eso, ten un lío con alguna de nosotras, hombre de Dios, que pasar por ser infiel sin serlo es de gilipollas”.

Así que confesó y parece que la muchacha tiene su carácter. La verdad es que yo no sé cómo me lo habría tomado. Igual enterarme a posteriori sería lo que más me cabrease pero no sabría decirlo. Igual al ver a las titis y constatar que estaban de buen ver, me hubiese mosqueado un poquillo. O un mucho. No sé. Es que no soy celosa, se me escapan esas sensaciones…

El retorno ha sido largo y cansado. Encima, mis compañeras de viaje no se fiaban un pelo de mí (que soy la que conduce) porque estaba sin dormir, habíamos hecho una interesante ingesta de alcohol la víspera _que conste que yo no me emborraché_ y el agotamiento pesaba lo suyo. Tres Burns y tema solucionado. ¡Viva la industria energética!

Nos dio tiempo de ligar hasta desde el coche. El atasco de despeñaperros duró como hora y cuarto (20 malditos kilómetros…). En medio de una niebla de justicia y a cinco por hora, optamos por bailar al ritmo de Shakira, buscar atractivos conductores en los coches aledaños y recibí una sonora ovación de tres chicos que viajaban en el coche de al lado cuando decidí quitarme el jersey _porque tenía calor_ al ritmo sensual de la música. Nos invitaron a tomar café en una gasolinera pero íbamos mal de tiempo. De todos modos, estuvo bien. Un rato de retorno a la adolescencia puede resultar muy relajante.

Y ya estamos de vuelta a la cruda realidad. Dejamos a nuestro anfitrión al sol (dice que el tiempo ha empeorado desde que nos fuimos. ¿Habrá alguna relación?), con mucha penita que para eso es un querido amigo y la vida continúa. No sigue igual pero continúa.

Y ya estoy pensando en dónde y cómo escaparme de nuevo.

¿Alguna sugerencia?

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabe lo que es la "alarma del payador"?, esa perentoria urgencia que constituye el indefectible conocer que se debe hablar ahora o callar definitivamente.
Entonces... le invito a Avila?. Puedo arrepentirme de haberla invitado, arrepentirse del propio silencio es mucho mas patético.

ninfa secreta dijo...

Invita a quién? A mí???

Y sin embargo dijo...

Este verano he descubierto un paraíso muy cerquita de Madrid. La única pega es que hará frío. Pasate por mi blog y descubrelo.
Por cierto, llegué al tuyo de rebote y pienso visitarlo a menudo. Me ha conquistado tu forma de escribir y de expresar lo que piensas sin complejos. Enhorabuena ninfa secreta!!

Félix dijo...

Envidiaaaaaaaaaaaaaaa tengo.

Félix dijo...

Contáctame (cómo suena esa palabrita) a través de mi blog: a pie de página hay un comentario y un enlace que pone "email". Te cuento lo que quieras saber.

Pepe dijo...

Vayas donde vayas hará un día de puta madre. Te bastas tú solita para iluminar el día.

Pocho dijo...

A Fuerteventura, sin duda.

Un beso.