lunes, diciembre 03, 2007

Factoría de gusanos

Ya os lo decía yo. Sí, sí, hace unos cuantos post. Es el espíritu navideño que hace que reaparezcan propios y extraños. Algunos encanta saber de ellos por cariño genuino, otros por resarcirse el ego y, muchos, directamente, ni te encanta saber de ellos ni te importan un bledo.

Hace unos días recibí una llamada inesperada. Inesperada principalmente porque el interfecto puede pasarse perfectamente un año sin dar señales de vida y, de pronto, suena el teléfono y te saluda como si te hubiese visto ayer. Esto se puede hacer con los amigos del alma, no con los accidentes físico-emocionales que es lo que venía a ser el susodicho para mí y, especialmente, yo para él.

No viene mucho a cuento contar en qué había consistido la historia en el pasado, especialmente porque, como sabéis, nunca cuento este tipo de cosas aquí. La cosa es que nos habíamos gustado mucho, él se tuvo que ir a vivir muy lejos y no se planteó tener una relación a distancia. Fin del cuento.

Yo conservé ese aire romántico que se le da a las cosas que no pueden ser por motivos externos a los deseos de ambos. Así que le veía como aquella historia tan bella que pudo ser y no fue.

Al cabo de año y medio reapareció y allí me fui corriendo tratando de creer en los milagros. De hecho fastidié una cita mucho más prometedora. Después me olvidó otros seis meses (yo también a él, me hizo un gran favor mostrándose como era en esta segunda edición del culebrón: ya no era aquel guapísimo “amore” abortado. Era un gilipollas como todos).

Pues hace unos días volvió a sonar mi teléfono. Le reconocí por el tono de “holaaa”, como si tal cosa. Me olvidé de poner en práctica la vertiente calientapollas que algunos tanto merecen y que tan bien se me da. Así que mostré un natural tono frío acorde con las sensaciones que me salieron del alma.

Quería quedar ese mismo día. Le dije que no. Me preguntó si al día siguiente y, en tono gélido, accedí. Ni que decir tiene que no llamó, yo tampoco a él y casi me alegré.

La verdad es que es patético lo bien que se las arreglan los hombres para quedar como gusanos. Yo podría montar una factoría de seda con tanto bicho alargado de esos que he conocido en mi vida. Gusanos cobardes emocionales con miles de hilos con los que se convierten en los capullos integrales que son.

Creo que la elegancia y la buena educación deberían ser asignaturas obligatorias en el colegio. La verdad es que este fulano a mí me trae al pairo y atribuyo el buen criterio de no llamarme a los retazos de lucidez que pueda tener en su cerebro. Es que yo cuando me pongo distante, soy infranqueable. De hecho, en muchos casos lo soy hasta para mí misma.

No siento ninguna emoción ni positiva ni negativa por este tipo de individuos. Siento que se pierdan la vida, los sentimientos y la amistad en nombre de una actitud egoísta y cobarde.

A día de hoy, espero mis nuevas apariciones de Navidad. He de confesar que algunas me alegrarán, si se dan.

No todo han de ser sorpresas desagradables, digo yo.


P.d:¡Aaaahh! ¡Por favor, votadme de vez en cuando en el post de las 360 palabrasss!

2 comentarios:

Vexilliario dijo...

La tarea del glosador es siempre compleja. En este particular uno puede asumir una actitud sindical y defender al congénere aludido, mas que nada para dejar a salvo el honor de la masculinidad. O también, afilar los dientes y darle con un caño al joven por importunar a la bella escritora con su módica figura de galán telefónico. Estas son, entre otras actitudes posibles, conductas válida si uno no ha sufrido. Quien sufre, y asume que ha sufrido, tiende a la comprensión. Asumir el sufrimiento que nos causa un amor no completado, no es común en estos tiempos de suficiencia burguesa, donde siempre cuentan los éxitos. Exitos en el campo de los negocios como en los del amor. Fenicios que juegan a quijotes, suena lamentable, no?.
Me gusta leer a la Ninfa. Ayuda a comprender a Numa Pompilio.

Pepe dijo...

En fin, que en esas apariciones haya los menos fantasmas posibles.
Por cierto, ya te voté. Ah y ya he contado la novedad a la que me refería en mi blog (cotilla).
Besotes.