lunes, septiembre 17, 2007

Maldita burocracia

Aquí me hallo, al borde de la desesperación. Me he quedado calladita unos cuantos días para no aburrir con mis omnipresentes problemas marujiles pero es que, o abandono el blog u os cuento mis avatares…

Llevo toda la semana luchando contra el muro infranqueable de la burocracia más feroz. La comisión de escolarización de la zona que corresponde a mis hijos (que no cito aún porque no ha llegado todavía el momento de levantar la liebre y montar el follón mediático pertinente) ha tenido la genial idea de separarlos. Me han dado plaza en dos colegios distintos, en direcciones contrarias y, mientras uno es el “supercole megachupi” que te mueres (mi peque acudió hoy por primera vez) el otro es un clásico vallecano famoso por sus incidentes vandálicos, apedreamientos y otras hierbas (lugar que mi hija pisará por encima de mi cadáver). He recurrido, me he movido por donde se me ha ocurrido y más y mi hija sigue sin colegio y yo sigo absolutamente desesperada.

Me encuentro en un estado de ansiedad que roza la locura (es en mis hijos donde sí pueden hacerme daño pero también donde saco mi faceta de leona). No hago más que pensar en qué promesa puedo hacerle a Dios para que me escuche y coloque a mi niña en el lugar que corresponde y yo pueda, al fin, estar en paz. He pensado en dejar la coca-cola (sí, reíos pero sería un sacrifico del copón) pero, al tiempo, no tiene nada de valioso para el Todopoderoso, creo yo. Donaciones no tengo dinero para hacer, ya doy 10 eurazos al mes a ACNUR que no me sobran pero hay que pensar en los que están mucho peor. Voto de castidad, pues no tiene mérito porque estoy castísima de un tiempo a esta parte y, además, el Dios en el que yo creo quiere buena voluntad y no promesas estúpidas. Vamos, que no sé qué hacer.

En Galicia siempre conocería a alguien que, al menos, me pudiese indicar dónde ir a suplicar pero aquí es literalmente imposible. Supongo que quien no tenga hijos, se haya separado y los haya hecho pasar por tantos cambios no puede entenderlo pero para mí, separarlos, es la culminación de una pesadilla. Tengo ganas de suicidarme pero ya me han dicho que así agravaría el problema de los niños así que no seré egoísta y seguiré llamando a puertas cerradas aunque sea a patadas.

Por otro lado, como siempre sin querer, he comenzado a socializar en el edificio. Mi pobre pequeñaja, ante la perspectiva de pasar su cumpleaños en soledad, tomó la iniciativa de ir de piso en piso preguntando si “hay niños aquí” (¡Por Dios, no me digáis que no es para comérsela!) y acabamos en el séptimo piso con unos vecinos majísimos y una terraza de 70 metros confraternizando a go-go. Creo que he tenido suerte, porque son gente abierta, maja y a mí me hace falta conocer adultos en mis horarios maternales. Fin de semana de piscina y vinito y, la verdad, que una buena adquisición mis nuevos amigos.

Por lo demás, chicos, tengo mil temas para blog pero estoy en blanco _más propio sería decir en negro_. Prometo volver a hablar mal de los hombres, de la caza y del Gobierno pero ahora mismo soy una Mari que quiere escolarizar a su niña y no lo consigue.

Qué asco de país.

4 comentarios:

Chipsoni@ dijo...

Ay amor!.

A ver cuando me estabilizo yo un poquillo tambien, que buena falta me hace y me pego una escapada o te la pegas tú, que te echo muchísimo de menos.

Un besazo y ánimo, que te la tienen que escolarizar por cojones.

ninfa secreta dijo...

Sí, hija, no sabes las ganas que tengo de verte y hacer una escapada que no he tenido ni un amago de vacaciones y despreocupación desde mayo...

Yo también te echo mucho de menos.

Y dicen que sí, que los escolarizan, pero donde ellos quieren, que con eso cumplen...

Anónimo dijo...

Ya verás como todo se va arreglando.Laboralmente y todos los demás aspectos también.
Ya sabes que me tienes cuando quieras, ya sabes como soy....Y si volviera a nacer repetiría..Me haces tanto bien, me haces tanto bien.
Ah y ten cuidaado con tanto golfillo que hay.
Bicos.

Pepe dijo...

A por ellos, que son pocos y cobardes.