martes, agosto 28, 2007

¿Y si fuera ella?

¡Dios mío, qué mono tengo de escribir!

Estoy temporalmente comunicada vía internáutica porque he vuelto a trabajar pero, obviamente, éste no es el lugar más adecuado para dar rienda suelta a mis… ¿Cómo llamarlo? ¿Despropósitos de la loca cuerda? Es posible.

Estoy en plena mudanza _que no se acaba nunca_ y, ante lo apasionante del tema, voy a pasar palabra y volver a uno de mis favoritos: el ÚNICO.

Y es que, charlando con unas amigas sobre sus estupendas experiencias pasionales del verano, me contemplé a mí misma analizando con cierta sorpresa cómo han cambiado las cosas.

Hace 50 años, para acceder al sexo, la gente debía casarse, tener establecida una relación formal y, supuestamente, dar el paso en cuestión con la desmedida importancia que se le daba a uno de nuestros actos más naturales y, si me descuido, inconscientes. Era el comienzo.

Un poco más adelante, no se casaban ya, pero sólo te acostabas con el novio formal _sobre todo el primero con el que “hacías el amor”, luego ya se iba desdramatizando la cosa. A veces pienso que robar o matar debe ser algo parecido. La primera vez, mucho miedo, sudores y demás pero luego… Bueeeno, ya uno no lo ve como algo tan llamativo o de tanta consecuencia_.

En fin, a lo que iba. Que después de ver que lo de los novios formales (e informales) está difícil por no decir imposible y de que _en cada vez más casos, afortunadamente_ las mujeres ya no sentimos esa necesidad empalagosa de emparejarnos, se entra en el ruedo del rollete.

Al principio el ritmo no dejaba de ser el tradicional. Te conocías, tonteabas, tonteabas, seguías tonteando, quedabas y, finalmente, os acostábais. No había compromiso pero, de algún modo, se establecía un lazo. ¡Que frecuentabas al muchacho, vamos! Os podíais llamar, mandar mensajitos y quedar con cierta frecuencia. La cosa se acaba autodestruyendo solita pero, mientras dura, sin ser para echar cohetes, entretiene.

Y llegamos al estadio final. Resulta que, ahora, el affaire, o lo que sea que una tiene, se acaba exactamente en el momento que comienza. Recibirás mensajitos, llamadas y demás hasta que llegue el momento esperado por el mozo de turno. Así, después de alguna velada interesante, agradable, con cena y todo, te vas a la cama con el joven y…. ¡Zas! Una vez finalizado el acto de copulación (ni follar le vamos a llamar, leche, que cada día se queda la cosa en menos) ya puedes empezar a olvidarle. Antes siquiera de que cruce la puerta de la habitación.

Lo bueno: que no tienes tiempo de empeñar tu corazón. No vas a sufrir por un fulano que apenas conoces, con el que no repetirás sábanas de seda ni te dará tiempo a crear la menor complicidad. Ya sabes _y si no es así, lo supones para no llevarte chascos_ que no le volverás a ver. Con suerte mensajito de cortesía. Fin.

Lo malo: como te guste el muchacho tendrás que aguantarte y buscarte otro entretenimiento. No llegan a conocerte y no eres más que un cuerpo. Cuando han logrado catarlo, lo que lleva dentro no interesa, principalmente porque lo desconocen.

No hay posibilidad de que la cosa se convierta en algo más divertido porque no os conocéis de nada y no tendréis ninguna oportunidad de hacerlo.

Lo peor: esa sensación de vacío que da que hayas compartido intimidad con alguien que no quiere intimar con tu cerebro, ni siquiera demasiado con tu cuerpo. Que en el primer beso ya estés firmando el acta de renuncia y que es como la ceremonia de la mantis: te lo comes al tiempo que lo matas. Al sentimiento, la atracción o lo que sea que padezcas en ese momento.

Seguramente el tipo a ti no llegase a interesarte demasiado pero… No le conocerás, no te conocerá y jamás lo sabrás.

De verdad, chicos… ¿Y si fuera ella?

9 comentarios:

Anónimo dijo...

En mi opinión una mujer como tu, tan válida y a la vez tan bonita, acaba con una sensación de hastío y pereza interior después de una época de polvorolletes sucesivos y aleatorios.
En cado uno de ellos tu das más de lo que recibes. Y poco a poco te vas desgastando. Eres linda, leida y apasionante. No solo necesitas "que te follen", necesitas que quieran y te necesiten; escuchar la dulzura de tu nombre en una voz masculina que te prefiere antes que ninguna otra mujer en el mundo.
Y tu dirás..."anda¡ y que sabe este que ni siquiera me conoce...! mírale que presuntuoso...!"
Es verdad, qué sabré yo.
Lo suficiente como para dejarte un beso lleno de afecto, de una extraña cercanía y (ya lo sabes) de deseo.
Bicos Raiña.
Maohi.

Pepe dijo...

Hay tema para extenderse como para hacer un doctorado en sociología.
Está claro que en los tiempos actuales estamos cada día más liberados (hombres y mujeres) y que ese tipo de relaciones esporádicas son cada día más frecuentes.
Pero debo ser un romántico, en el fondo, a pesar de mis etapas de golfo, porque creo firmemente que como en pareja no se está de ninguna manera.
Aunque claro, mientras aparece esa persona con la que compartirlo todo, es una opción. Por lo menos, esa "necesidad" queda cubierta sin más preocupación que uno mismo, y corto ya porque me va a salir un post en vez de un comentario.
Cuídate, preciosa, y que sea leve la mudanza.
¿Y si fuera yo?

ninfa secreta dijo...

Estás muy en lo cierto, Maohi, mi problema es que yo no creo que eso vaya a suceder. No creo en el amor para toda la vida y, al ritmo que vamos, voy a dejar en el amor con fecha de caducidad también.

No me refiero sólo a mí en este post, aunque lo personalice, creo que es una tendencia que está ahí.

Y ya te dije que tú no debes desearme, so golfo!!! xD

(A vé cuándo tomamos ese café)

PEPE

Yo soy medio romántica, por así decirlo. Me gustaría estar bien con una pareja pero no extraño vivir en una misma casa (aunque sí compartir los gastos xD).

Estoy contigo, cubrimos la necesidad, nosotras también. Pero, lo dicho, las posibilidades de conocerle a "ÉL" o "ELLA", son casi inexistentes, no?

(Tú no estás casadísimo "Y si fuera yo"???)xD

Luissi dijo...

Estamos liberadísimos y a la vez más encorsetados que nunca. Queremos cada vez más por menos, sin darnos cuenta de que eso solo existe en la publicidad. Perdidos en medio de una muchedumbre (imaginarse escena de calle repleta tipo Nueva York, todos moviéndose) repleta de naufragos que aparentan, igual que nosotros tantas veces, tener todo lo que necesitan. Aunque sea de tanto repetírselo.
Descreídos, esperamos milagros que tienen las mismas posibilidades de ocurrir como que nos toque la primitiva a la que no jugamos (que es una tontería y el dinerito nos cunde más en otras cosas)

Y sin solución. Porque si alguna vez nos acercamos a ella, haremos como los que consiguen acceder a una vivienda, con todo el ánimo de ya que lo conseguimos de paso especular como todos los que nos han puesto tan difícil llegar a esa vivienda. Cuando especular posiblemente no sea lo nuestro

Nos queda la posibilidad de tropezar en el lugar más inesperado con la persona más inesperada, con ambas defensas bajas, y dejar que la sabia naturaleza nos eche una mano. Harto difícil, aunque, con la calle tan llena de cada vez más gente perdida, cada vez más cansada de tener las defensas tan arriba ... ¿no aumentarán las posibilidades de que eso pase?

ninfa secreta dijo...

No aumentan, no, porque todos vamos disfrazados para no ser considerados débiles o desesperados...

El Maestro Gramático dijo...

Me ha gustado mucho la historia de la sexualidad que has trazado en esta nota. Y todo ello, yo diría que también la última parte, deriva de un engaño: Con el asunto del sexo tengo la sensación de que somos objeto de un monumental fraude. Cuando yo le bajé por primera vez las bragas a una chica creía que iba a pasar algo: Que iban a sonar campanas o que iba a ocurrir un movimiento telúrico o que se escucharía un redoble al estilo de los del circo cuando se va a dar el triple salto mortal. Pero no ocurrió nada. Nos habían engañado. Lo único que ocurrió es que nos dio a los dos un gusto de la hostia. Y, sobre todo, lo que me pareció fue un acto de pura INOCENCIA. Sentí una incomparable placidez. Y junto con esto, la certeza de que éramos víctimas de un gran engaño. Tuve entonces la certeza de que han pervertido y manchado algo tan inocente puro y limpio como el sexo. Dices muy bien: “Para acceder al sexo, la gente debía casarse, tener establecida una relación formal y, supuestamente, dar el paso en cuestión con la desmedida importancia que se le daba a uno de nuestros actos más naturales y, si me descuido, inconscientes.” y, sobre todo, inocentes, Ninfa. ¡Cómo lo han pervertido, cómo lo han ensuciado!

Y vamos a la parte final de tu nota. “El estadio final”, que describes muy bien, es consecuencia directa del engaño del sexo al que me he referido arriba: Es una reacción a este engaño. Cuando estaba leyendo esta última parte me acordaba de una anécdota que me contaron: El chico invita a la chica a cenar. Y ella dice: “Vale, acepto. Pero antes de cenar follamos porque, si no, no nos vamos a enterar de la cena”
Me encanta que esto sea así. No estoy diciendo que tengamos solucionado, sobre todo en España, el asunto del sexo. Pero, como reflejas en tu nota, algo hemos avanzado. La labor de zapa que hizo la Iglesia durante muchos años todavía trae cola.
El sexo, que han intentado por todos los medios robarnos, está muy bien. Si entre medio surge el amor, perfecto (ya sabes por lo que escribí en tu post del día 18 de mayo del 2007 Reflexiones y una pizca de melancolía, que yo no creo mucho en el amor o por lo menos que el amor sea un hecho tan frecuente e importante como dicen) pero mientras tanto, disfrutemos del sexo sin que se tenga que interponer entre los dos amantes la mano de Rouco Varela.

ninfa secreta dijo...

Yo soy una militante de disfrutar del sexo en todas sus posibilidades pero discrepo en que la situación actual sea un avance.

Es como si fuésemos animalitos, no hay comunicación y no hay ni pizca de fascinación. Sólo se cubre una necesidad, como cagar y, aunque hay quien dice que es muy plancentero (a mí no me lo parece tanto), al final sólo vacías un depósito.

En fins, será que me hacen falta unos mimos...

Diletante dijo...

Hola Ninfa,
Te tenía casi olvidada en mi larga lista de favoritos, y mira por donde veo que agosto te ha inspirado. Lo celebro.

Estoy en el curro y no puedo explayarme mucho, pero puedo aprovechar uno de los cinco cafés que mi jefe se toma por la mañana para relajarme por Internet.

Los que tenemos una edad, algo jurásica, sabemos que el sexo no es la solución de nada (aparte de vaciare depósitos, claro, pero para eso nos sobra una mano), pero su disfrute no depende tanto de lo que es, sino para qué lo quieres, y por ende, con quién lo tienes.

Al menos en mi caso (aunque para mi sea una obviedad, no creo que sea generalizable), siempre he gozado más, mucho más, del sexo cuando por mi pareja (eventual, o no) sentía algo más (o mucho más) que el deseo más primario, cómo decía un comentarista, de “bajarle las bragas”. Esto me ha llegado a pensar aquello de “tenemos lo que buscamos”. Follar es como hablar, importa la persona y el tema de conversación.

Saludos, ;-)

Pocho dijo...

Maestro Gramático: tú esperabas encontrarte con el sonido de las campanas ¡y los fuegos artificiales! ¡Era eso! ¡Fuegos artificiales! (se te había olvidado).

Ninfa: un beso.