miércoles, diciembre 29, 2010

Pero me acuerdo de ti

Hoy es uno de esos temibles días en que no puedo engañarme, ni alegrarme, ni convencerme de que las cosas siguen el camino correcto, que todo va a mejorar, que no estoy dolorida, sola y perdida.

Termino el año como lo empecé: con el corazón roto, sin ilusión, con un dolor que apenas me deja respirar, sin capacidad ya para llorar a causa de un autocontrol que sólamente me destruye.

Hoy siento que no sé por qué te he perdido o por qué nunca te tuve. Por qué no luché por ti o por qué no lo hiciste tú por mí. Por qué preferiste engañarme y elegir a otra que, decías, no significaba nada... Y es tu compañera de viaje, el centro de tus cientos de llamadas, tu ilusión y tu deseo.

Yo me he quedado perdida en esa tierra de nadie que aún no me permite comprender, porque estaba convencida de que eras sincero, que me amabas, que me valorabas. Lo único que pasaba es que no tenías tiempo, temías al compromiso pero, aún con todo, me amabas.

Es durísimo aceptar que no sólo no te importo sino que hasta te repelo. Pareces furioso conmigo en tus mensajes e indiferente hasta casi el desprecio en mi presencia. No has sentido el deseo de hablarme, de contarme por qué no pudo ser, qué tiene ella que no tenga yo (aparte de la ausencia de hijos), qué hice tan mal para ni la amistad, ni la complicidad ni nada mío quieras en tu vida.

A veces sueño que despiertas, que es verdad eso que decías de que la otra no era nadie (los dos sabemos que fue una mentira más, lo que no comprendo es para qué mentirme, para qué dañarme), que me extrañas... pero ni un café podemos tomar juntos. Ni siquiera me hablas como a cualquier otro empleado. Siento que me tratas como el peor de tus errores y es tan triste...

Yo fui tan feliz al principio que me aferraba a mi amor pasado para no engancharme. Supongo que mi único atractivo fue el reto de conquistar a una mujer que se confesaba enamorada de otro y sin ganas de recaer... Lo intenté todo, lo di todo (ya sé que mis cosas no son valiosas pero, créeme, mis sentimientos y mi corazón sí por dos motivos: porque son puros y porque no están al alcance de cualquiera) pero nada fue suficiente. Yo no soy suficiente.

No debería sincerarme, tú tienes a quien quieres, disfrutas de la vida con ella y yo... estoy bien a ratos pero no logro arrancarte de mí. Bien sé que estas líneas son un error, que todos me dicen que te has portado mal, que eres un mentiroso, que no te importo nada, que sólo juegas con las personas... Y me parece tan terrible que sea verdad... Fuiste tan tierno, tan amoroso... hasta que me sustituiste.

Decías que los niños eran el problema, que no estabas con ella a sólo dos días de irte de luna de miel a Berlín con esa mujer que, asegurabas, habías dejado. Que tu viaje de verano fue un error y por eso es quien te acompaña en los actos sociales, en los viajes, en la diversión, en los regalos... Sólo era una vía de escape para sentirte libre, decías -de mí...-, mientras le dabas el lugar que yo creía mío.

Sé bien que nuestra conversación pendiente no tendrá lugar. Supongo que ha pasado el momento, no tienes ganas de hablarme ni de mirarme a la cara siquiera... ¿Para qué sentarte frente a esos ojos que te hacen sentirte culpable aún a su pesar? Imaginas, quizás, que te reprocharé o querré saber los detalles. Yo no quería nada de eso, yo quería hablar y sonreír al hombre al que conocí que ya prácticamente no me dirige la palabra más que para mostrarme su malestar por mi existencia.

Entiendo que te he decepcionado apostando por ti ciegamente, creyendo todas y cada una de tus palabras. Ciertamente, no me comporté como una mujer muy inteligente pero el amor es así. Supongo que debí resultar ridícula enviándote correos llenos de sentimientos cuando tú no podías ni contestarme porque ni te apetecía, ni me sentías y, además, estabas de vacaciones...

La vida ha continuado, hay cosas buenas, intento mejorarlo todo. Ojalá pudiese hacerlo como tú, ojalá me enseñases porque yo no sé cómo dejar de sufrir, de sentirte y de añorarte. Dímelo tú, que sabes hacerlo. Ayúdame tú, porque yo no puedo romper este lazo de amargura que me asfixia. Enséñame a no amar, a no entregarme.

Libérame, dame las pistas para acorazar el corazón porque no puedo más. Tiéndeme una mano no ya como mujer -aunque sigo sin comprender que falló entre nosotros para que ni siquiera eches de menos nuestras charlas, nuestros abrazos...- sino como aquélla que, un día, entregó su corazón, tontamente pero con total sinceridad, y ahora no sabe cómo recuperarlo. Devuélveme la paz o devuélveme la vida, si algo de afecto queda dentro de ti para aquella que lo perdió todo en tus brazos.

La vida ha continuado. Puedo salir, estar con otro hombre, reírme pero... no sé cómo salir de aquí. Te sigo sintiendo, te sigo extrañando y te sigo recordando...

Y se me desgarra el alma.


4 comentarios:

Chipsoni@ dijo...

Jamía, si escarmentaramos por cabeza ajena, pero no, ni siquiera por cabeza propia, cada duelo es uno nuevo y tienes que lidiar con el como si fuera el primero.
Es una putada, pero es asi.

Paciencia.

Amaranta dijo...

He pasado por algo parecido, incluso al momento de decirme que estaba esperando una hija de aquella que "no significa nada", intentó disculparse conmigo, diciéndome que no lo pensaron demasiado... nooooooo!

Finalmente tuve la osadía de decirle que ya no quería saber nada más de él, ni que supiera de mí, no quiero sufrir con sus problemas, ni alegrarme con sus logros, no más!

Es difícil tomar decisiones así, la tomé después de tres años y a los dos años tuve una recaída por un año más... pero desde que me liberé de su libertad! encontré el amor.

Buena suerte querida

María dijo...

Ánimo Ninfa! Piensa que hace un par de años no creías poder enamorarte de nuevo y me animabas a mí...qué cosas...siempre acabamos dando con las mismas puertas...es una mierda, pero es real y tienes que pasar por ello para dejarlo atrás.
Mil besos

Jav dijo...

Como me reconozco en tus palabras. Has conseguido hacerme recordar.
Espero que tanto tu como yo consigamos que ciertas puertas se queden cerradas y esa pequeña ventaja que podamos obtener, nos sirva para conseguir lo la felicidad y sobretodo sentir paz interior.
Un beso, un placer seguir tus letras.