sábado, septiembre 05, 2009

Esta casa es una ruina

Pues ya estoy sentada en mi nueva casa dentro de esta dura e interminable mudanza. Digo que estoy sentada porque "instalada" es un término que no sé si se producirá en algún futuro posible...

Señores, esto es horripilante. He tenido que desmontar una casa, cargar un camión, ver que no cabía todo (menos mal que me rendí el día anterior y había dejado cosas sin empaquetar todavía...), descargar el camión, meterlo todo en el piso, volver a Madrid, seguir empacando, subirlo todo a otro camión, vaciar el piso del todo, recoger a mis hijos y llegar a casa... ayer. Todo ello para encontrarme una casa mucho peor que el desmadre que me había dejado y cajas por todas partes...

Ésta es la versión resumida porque, como no podía ser de otro modo, todo el proceso ha sido de traca. Vamos a ir por partes:

En primer lugar, visto que no podía enfrentar el gasto de una empresa de mudanzas que hiciese el trabajo sucio de recoger y llevarme todo a Santiago, emprendí mi odisea hacia un traslado "cutre". Hay que decir que ha sido una labor de fondo, con colaboradores estrella y ha salido todo lo bien que podía salir... que no era mucho.

Para empezar, alquilo un camión -el que me habían indicado en todos los presupuestos "profesionales"- que se me queda pequeño. Mis queridos vecinos -tan valientes y solidarios como sólo nuestra familia madrileña podía ser- apechugan con el marrón de llevarlo a destino. El día anterior yo parto a Compostela para recoger las llaves del piso. El viajecito fue... cómo decirlo... accidentado y largo, muy largo.

Salgo con mi ya un poco veterano coche (tampoco llega a viejo por mucho que diga mi hijo y tira bastante bien) casi sin dormir, después de haber recogido lo posible en las primeras horas del día. De pronto, a la altura de Medina del Campo, escucho un sonido que no quiero creer, un "chas" suave que me recuerda a otro ya vivido antes... y el cacharro empieza a perder fuerza. Parada en medio de la autovía y llamada a la grúa. Apaño de tres al cuarto en un "taller" donde me aseguran que así llegaré a Santiago y, una hora después, nuevo "chas", nueva parada en medio de un pueblo perdido en la nada. Segunda grúa (sólo tardó una hora a treintatodos los grados), segunda chapuza, tercera caída en tierra... Y a pasar la noche en
Benavente.

En medio de todo el proceso, un viudo que había en el taller me propuso llevarle a Santiago a curar sus penas, entré en un bar de un pueblo de la Castilla profunda donde había algo así como 50 hombres que me miraron anonadados por entrar sin burka en sus dominios y tuve la curiosa experiencia de que la Guardia Civil se parase en medio de la A-6 camuflada en un mercedes de la pera con radar incluido.

Durante una semana me pego con mi casa y consigo despejarla un poco. Entonces, vuelta a Madrid, vuelta a cargar, vuelta a embalar, a limpiar... !Dios, me canso sólo de escribirlo!

El caso es que voy por la cuarta etapa y ya estoy requeteharta. Los niños y yo sorteamos las cajas, la ropa sucia porque no he tenido acceso al trastero donde está la lavadora hasta hoy y gracias que tenemos agua caliente. Por cuarta vez en esta historia, estoy desbordada. Tengo la sensación de que mi casa nunca lo parecerá y me pudre ponerme a ello.

Como comienzo rutilante de nuestra etapa, voy a comprar los uniformes de los niños. No son feos, son modernitos aunque no tan monos como los que tenían... aunque el precio es de eso... de uniforme de capitán de Marina. 670 eurazos me he dejado... sin tenerlos. Menos mal que los libros todavía se "heredan" en los cursos de mis hijos. Con la llegada del PP han eliminado este formato -les apasiona hacernos gastar- será como en Madrid: a comprarlo todo y una ayudita del tres al cuarto.

Pero tampoco la herencia es jauja: tres libros por niño y he tenido que aflojar más de cien euros... ¡España va bien!

Resumiendo, entre mudanza, nuevo colegio, libros y tal y cual, mis tarjetas de crédito (que tanto detesto usar) están encantadas de la vida. Mis números rojos durarán hasta marzo, con suerte. Así es la vida de la madre soltera y entera.

Menos mal que tengo el corazón a buen recaudo porque esto acaba con la moral de un santo. Ahora nos toca, a los tres, hacernos a la idea de que ya no vivimos en Madrid, hacer o recuperar amigos e integrarnos en este nuevo caminar... en el que no descarto nada, incluso que nos convirtamos en tres corazones con freno y marcha atrás...

Ah, también me he olvidado el móvil nuevo en la capital... y ahora no sé por qué no logro poner los acentos y demás símbolos en este teclado del demonio...

Viva el sindrome de Diógenes y perdonad la falta de expresividad gráfica en estas últimas lineas...

¿Alguien quiere echar una manita...?

8 comentarios:

Chipsoni@ dijo...

Jorrrr

La fotógrafa... dijo...

Joder!!! (como dicen ustedes) qué lío es la mudanza, la acabo de sufrir y ruego porque no llegue otra, aunque eso por ahora no será posible. Si estuviera ahí cerquita juro que te iba a hechar las dos manos con el acomodo (con lo que me gusta ver todo ordenado).

Ánimo, creo que sólo te resta hacer tuyo ese piso para que las cosas empicen a alzar el vuelo! Vamos! Un impulso más!

Besos, guapa!

Crika dijo...

¡ojalá pudiera hacer algo más, corazón! Mi contribución no ha sido muy grande (a excepción de los "rumanos") y es que no estaba en mi mejor momento ni laboral ni económico, sorry.
Veeeenga, que entre caja y caja, seguro que aparece alguna pequeña Ninfita olvidada de la última-anterior mudanza ;)
Besos mil

ther dijo...

Ufff, respira, sientate encima de las cajas y piensa en positivo. Espero que la vida en Santiago sea más barata que en Madrid, ya sabes.

Piensa en tu Vida Nueva. Has dado el salto y seguro que será a mejor.

Además tu corazón tiene una sonería nueva que te ayuda y anima a tirar pa´lante.

Muchos ánimos, buenas vibraciones y suerte en tu instalación que será larga, la mía ya casi está.

Aunque suene típico, Todo te va a ir bien. Eres un terca luchadora.

Besos mudados.

JimmyEsp dijo...

Cuenta conmigo.

ninfasecreta dijo...

Gracias a todos por vuestra solidaridad.

Criky, reina, no te preocupes, sólo faltaría...

Ther, gracias por los ánimos (hace siglos que no nos vemos). Dile a Criky que haga una fiesta a la que yo pueda ir, que es una petarda. Mi corazón late, sí, como nunca...

Fotógrafa, lo que tienes es qeu venir a fotografiar Santiago y nada de currar...

Jimmy, con quién voy a contar si no...

Félix dijo...

Joder, creía que las ninfas teníais poderes especiales.

Me imagino lo que puede haber sido (no quiero decirte la verdad: seguirá siendo un desastre hasta dentro de meses) porque ya he vivido tres mudanzas, aunque no con tantos kilómetros por en medio. También cometí la heroicidad de contar con los amigos y algún camión prestado, pero para la última contraté una mudanza: dos mil tíos extranjeros pasándose mis cajas y encajándolo todo en mi nueva casa. Eso sí, a la hora de la factura, el "jefe" me dice algo como "¿De verdad le dieron este presupuesto tan ridículo?" y quería más dinero.

Confío en que enfoques tu energía al futuro que, como está por ver, siempre trae esperanzas. Lo de las cajas y el desorden, es sólo apariencia. Se puede superar.

Un beso en la distancia (cada vez mayor).

Emma dijo...

Madre mía ninfa!! yo no quiero ni pensar en hacer una mudanza, y mucho menos me imagino cargando y descargando mi vida de un camión... uffff!!!
Sólo deseo que tu nueva vida en tu tierra esté llena de oportunidades que te hagan feliz, porque de esperanzas e ilusiones seguro que ya lo está ;) Un dulce besito.