lunes, septiembre 14, 2009

La Ninfa busca su sitio

Estoy en una etapa francamente movida. Entre acomodar cachivaches sin poder hacerlo del todo porque mi mueble de salón está a medio montar, tratar de encontrar el cuarto de mi peque (que hay que comprar...) y renovar todo el papeleo -que es impresionante-, el tiempo de ocio ha sido más bien escaso.

Ahora me toca readaptarme a mi lugar de orígen en el que, por motivos muy personales, sigo considerando mi hogar temporal.

Cuando una regresa a una ciudad pequeña como la mía tras haber vivido casi tres años en una urbe de las características de Madrid, los contrastes se acentúan. Obviamente ambos sitios ofrecen sus ventajas y sus inconvenientes e, inevitablemente, yo lo tengo todo demasiado fresco para no comparar.

Por un lado, los trámites burocráticos. Hay que reconocer que Compostela es una maravilla. Pido una partida literal de nacimiento de mis hijos y la recibo en el acto. El traslado de cole de los niños se realizó rápida y felizmente (aunque tengo un considerable disgusto porque a la niña le ha tocado una profesora monja... me habían asegurado que el profesorado era laico cuando aborrezco a las religiosas metidas a docentes y a las otras) el sistema sanitario le da cien mil vueltas al de la capital y, en resumen, cualquier tipo de papeleo es bastante más llevadero, habida cuenta de que no hay que hacer ni grandes colas ni distancias.

Para alquilar el piso no me han reclamado tropecientos requisitos previos, avales bancarios y toda suerte de complicadas pegas para hacerse con un sitio donde vivir. Resido en un precioso piso rodeada de campos y montañas. Cuando miro desde mi sofá al gran ventanal, tengo la sensación de vivir en una casa: ni un sólo edificio a la vista que no sea el Palacio de Congresos o un par de hoteles de muchas estrellas pero sobre todo verde, el variopinto verde de mi antiquísima Galicia.

Luego está la otra cara de la moneda. Me está costando asumir que todo quisqui conduzca al ralentí, que haya atascos por todas partes en una ciudad con la mitad de habitantes del distrito en el que yo vivía en Madrid, donde todas las calles del centro de la ciudad son de dirección única y el Ayuntamiento no parece tener más que hacer que dedicarse a eliminar todas las plazas de aparcamiento posibles para lucrarse a través de los parkings privados. Obras por todas partes, sin orden ni concierto.

Por aquí nos gusta decir que ésta es una ciudad cómoda. Si, cómoda si vives en el centro y no haces ninguna distancia más allá de dos kilómetros a la redonda. Los 20 25 minutos mínimos que uno malgasta de semáforo en semáforo puesto sin ton ni son para recorrer distancias ridículas, permiten hacer 15 o 20 kilómetros en Madrid. Las opciones de ocio para niños y grandes son limitadísimas y hasta cuando te vas a un edificio nuevo como el mío, te encuentras con que eres vecina de la esteticienne a la que has acudido cuatro o cinco veces en tu vida. Cuando salgo a la calle esquivo ciertas zonas en que sé que me encontraré a mucha´más gente de la que me gustaría ver y, paradójicamente, todo es tan agradable como fastidiosamente conocido...

Aún no me he hecho del todo a la idea de que mi vida transcurrirá en los próximos tiempos de nuevo en "casa". Disfruto del sitio que he elegido pero añoro el estupendo colegio bilingüe de mis niños, añoro a Monny Penny, a los primos postizos de los niños, añoro la noche y el día de ese Madrid al que ya no pertenezco y, sobre todas las cosas, al corazón que me dejé allí.

A veces pienso que sería perfecto que Santiago, mi nuevo piso y este inigualable paisaje fuesen las afueras de mi Madrid para no tener que prescindir de ninguno de mis dos trozos de corazón.

Por de pronto, mi Galicia -que está muy hermosa porque este año no la han incendiado-me anima con temperaturas veraniegas y sol. Y yo disfruto embelesada de su belleza mientras, sin poder evitarlo, mi mirada sigue mirando hacia el centro...

del mapa y de mis sentimientos.

(Ésta es la canción que quería que escucharas, Valiente...)

8 comentarios:

RKincaid dijo...

Es cierto que Santiago (por lo menos el que yo conozco) es caótico, pero yo pensaba que era sólo en verano por los turistas... ¡No me digas que es así todo el año!

¡Ánimo! y tranquila... las monjas ya no son lo que eran. Sigo pensando que en todo el mundo hay sólo hay 32 monjas "majas" y el resto son insoportables, pero... ¡quién sabe!

Un beso

Navegante dijo...

El caos no es mas que orden al que no le hemos encontrado sentido.

Animate... que estas en casa.

Bsosss y salu2

ninfasecreta dijo...

Rkincaid, es MUCHÍSIMO peor el resto del año y no exagero... No hay monja buena, jejejee.... Pero me han dicho que ésta es maja. Ya veremos...

Navegante, como siempre, gracias por los ánimos. No estoy mal, en peores plazas ya toreé.

Besoss

Pharpe dijo...

Si estubieras en Ourense a lo mejor te deprimías más que es más pequeña y la gente conduce peor jajajaja. Ánimo mujer, a lo mejor algún día encuentras algo a medias entre ambos estados. Besos desde Ourense

secretpath dijo...

pues vaya que sí....ourense es bastante peor, sí,.......desde ese sitio,deseoa de buena readaptación

ninfasecreta dijo...

Viví en Ourense desde los 5 a los 16 años y sí, sin duda, me deprimiría más, jajajaa

(No estoy deprimida, ojo)

Besos

Félix dijo...

No se puede tener todo.....

Al final te alegrarás de haber tomado la decisión. Estoy seguro.

Ahí va un beso de ánimo.

ninfasecreta dijo...

Félix, una de las contadas virtudes que me reconozco es que yo nunca me arrepiento de nada aunque no me salga bien. Una lección bien aprendida de la vida.

En realidad, no me hago mucho a la idea de estar aquí y no estoy mal, sólo... desubicada...

Muchos besos para ti. Lamento que no le hayas dado una oportunidad a tu vecinita... ;)