jueves, marzo 12, 2009

Confieso que he vivido

Soy ave nocturna por devoción y por nacimiento. Mira que he tenido todo el día para postear pero no, es ahora, que debería acostarme, cuando me siento con ese impulso tan natural e inexplicable para mí como es escribir.

Casualmente está ahora en la televisión Miguel Ríos, alias El Inmortal, cantando "Santa Lucía". Es increíble lo de este hombre, ya era un viejo roquero cuando yo apenas me acercaba a la pubertad. ¿Cuántos años tendrá...?

Tenía yo muy poquitas primaveras, doce o trece, cuando bailábamos esta canción en los guateques que organizaban los de FP de al lado de mi casa. Éramos tan macacas que no nos cobraban por entrar... Pero dentro ligábamos lo nuestro y, claro, "Santa Lucía" era tema obligado en el lento.

Es sorprendente cómo una canción puede arrastrar tantísimos recuerdos. Proyecto de adolescente, mis amigas más desarrolladas mostraban una sombra muy alargada que, unida a mis complejos propios de la edad (me volví tímida y retraída durante más de un lustro), hacía que me comiese poca cosa. No era muy dramático, era una niña buena, no me interesaba tanto salir con chicos como saber que le gustaba a fulano o a perengano. Qué candidez tan lejana...

Cuesta mucho liberarse de los complejos, a veces no se logra nunca. Yo tardé lo mío en sacudirme algunos estereotipos educacionales y propios. A los 18 resucité a los ojos de los hombres pero a mí me quedaba mucho por andar. Durante años me he mirado al espejo como una extraña. Veía esa cara y no encontraba mi alma en ella. Fui consciente de esta rareza desde muy pequeña, casi todo el tiempo en que estuve en el lugar equivocado y mi cara sólo escondía una cruda realidad que no me atrevía a compartir con nadie.

Crecimos, cambié de ciudad, de amigos, algún novio, un marido, un ex marido... Y una segunda oportunidad. Ahí rompí con el último de los lazos tradicionales que me maniataban. Y empecé a mirarme al espejo y me reconocí. Era yo, al fin. Siempre me veo ahora. Con mejor o peor cara, triste o alegre, guapa o fea pero siempre yo. Me hice con la autoestima necesaria que cualquier persona debe tener para desarrollarse como tal. Debería ser una asignatura escolar. Cómo has de amarte y ser indulgente contigo mismo para poder llegar a amar y tolerar a los demás.

Quien no me conoce demasiado me tacha de engreída porque no tengo reparo alguno en no renegar de mis virtudes. Me he pasado demasiado tiempo tirándome tierra encima y, como no me canso de repetir, la falsa modestia me parece un defecto insufrible. También algunos dicen que soy dura, crítica e infranqueable. Es algo que hace sonreír a mis íntimos e incluso a mí. Ácida e irónica, gran verdad. Con genio, también. Osada, carnal, apasionada y con mucho amor guardado como un tesoro para no dárselo a cualquiera.

Escucho a Miguel Ríos y no siento ninguna nostalgia. Sólo la etapa universitaria tiene recuerdos para mí que me encantaría revivir, por la calidad de los amigos que tuve, por las grandes juergas que nos corrimos, por esa maravillosa despreocupación por el porvenir que sólo se puede disfrutar en ese tiempo.

He conocido a muchos hombres. O distinguido, según el caso. De todos ellos sólo tuvieron mi corazón sin condiciones dos aunque no pude entregárselo, así son las cosas. Sólo ellos dos harían latir mi corazón con su sola presencia a pesar del tiempo. He tenido amantes mejores, enamorados mejores, novios mejores pero... el sentimiento no se ha llegado a superar.

He tenido y sigo teniendo una vida intensa, mi femineidad es uno de mis rasgos más marcados, me siento muy mujer y me gusta ejercer de ello. Ha habido luces y sombras, fuegos artificiales y bombas de metralla que dejaron sus cicatrices, no sólo en el ámbito amoroso. Las cosas nunca han sido fáciles, el día que me decida a escribir un libro me dará para tomos y tomos... Y la realidad superaría siempre a la ficción.

Miro atrás sin añoranza, al presente con coraje y al futuro... no lo miro, no existe. No me arrepiento de nada, es una de mis máximas vitales. Sólo tengo la sensación de que he hecho muchas cosas, he vivido muchas y, sin embargo, aún aguardo miles de sorpresas. Será que jamás he tenido una vida tradicional, con su núcleo familiar tradicional, con un trabajo tradicional, un bienestar tradicional. No me quejo, es mi karma, ése es el sello de la Ninfa. Todo ello me ha traído hasta aquí y aunque no me libro de la pesada cruz de la supervivencia me gusta quién soy.

Para los muchos que caen en la tentación de pensar que me conocen o que pueden juzgarme a través de mis textos, un consejito: hablar por hablar denota ignorancia, criticar por criticar muestra inseguridad y hacer juicios de valor sin saber, pobreza espiritual. Todos ellos deberían hacer su propio blog y echar ahí sus miserias o incluso las mías. Pero en su casa, no en la mía.

Yo no tengo que dar explicaciones de nada ni a nadie. Lo que he hecho bien o mal a sólo a mí atañe y lo que gane o pierda en ello es única y exclusivamente mi responsabilidad, mi desgracia o mi suerte.

Eso sí, sé que mi vida será siendo un enigma, que nunca será corriente porque yo no lo soy y eso, a veces tan doloroso y tan duro, me alegra. Me queda todo por descubrir y, sin embargo, a día de hoy, de todos mis pecados sólo confieso uno: que he vivido. Y pienso seguir haciéndolo.

Le pese a quien le pese.

6 comentarios:

E. Maria dijo...

A mi me encantan tu palabras. Te abrazo lleno de energía.

pepito grillo dijo...

........:)

Félix dijo...

Eso que llevas en el cuerpo.

No hay nada peor que pasar por esto y no enterarse de nada... De todas formas, tu spalabras me suenan a despedida, a claudicación, a adiós. Y yo espero que sigas ahí mucho tiempo.

Elfos sin luz dijo...

Pues claro, a seguir viviendo tu vida, como mejor te guste y mejor puedas. Faltaría más!
Suerte en ello.
Un abrazo

Juan dijo...

Repasamos las edades, sigues con valor y tu tobogán continua cuesta abajo. Mejor para nosotros, escribes bien, y peor para ti. Repasas y ajustas cuentas.

Me agrada que sigas.

Eso si, estoy por abrir una porra ,para ver cuánto te/nos queda.

Continua.

P.D. No te molestes en volver a vomitar estoy seco.


"Y no hay ningún ánimo de revancha en mis palabras... pero así lo siento, así lo digo."
Te lo devuelvo.

Besos libertarios.

ninfasecreta dijo...

Pues no, Juan, ahora mismo no estoy ni cuesta arriba ni cuesta abajo. De cuánto me queda, habría que revisar en qué y para qué.

Si vienen cambios no será ni la primera ni la última vez en mi vida y, realmente, no sé por qué para algunos de vosotros tener una vida densa es sinónimo de fracaso. Para mí no, por eso escribo bien, porque tengo mucho que contar, mucho aprendido y mucho que aprender.

Y no he ido a vomitar, te lo aseguro. Si escribieses bien, lo diría, aunque apostillase que eres prepotente o haces juicios de valor gratuitos. Cuando entro en un blog no es a vomitar (igual tú sí...) es a conocer. Y no te conocí ahí. A lo mejor eres fantástico. Tus textos, no. Lo siento. Igual es lo que dices, que estás muy seco.

Remójate un poco y se te pasará tanta acritud.

Y haz la porra, no te prives.