martes, julio 28, 2009

De Madrid al cielo

Se acerca el momento. En realidad, quería posponer este tema para el día exacto en que me tocase despedirme de facto pero mi mala afición a trasnochar y mi pepita grisha particular me obligan a soltarme quizás antes de tiempo.

He visto hace un rato un programa de una cadena madrileña en que los extranjeros opinaban sobre Madrid. Yo llevo un tiempo masticando el hecho de tener que abandonarla. No es un secreto que amo esta ciudad como amo la mía pero son amores distintos aunque no por ello incompatibles. De todos modos, hay quien me tacha de apátrida por no preferir las preciosas y verdes montañas gallegas a la urbe multicolor y babélica que me eligió para vivir los casi tres últimos años.

Querida Madrid, no sabes cómo te voy a echar de menos. Echaré de menos tu cielo casi perennemente azul (con su pequeño gran hongo de contaminación pero... nadie es perfecto), tus calles llenas de vida, movimiento y juventud en el centro, tu ambiente de pueblo tranquilo en el barrio donde aún existen tiendas tradicionales que, paradójicamente, están en vías de extinción en mi pequeña y también amada Compostela.

Echaré de menos perderme de vez en cuando (¿Qué voy a decirle ahora a mi Tom-Tom?) y sorprenderme aprendiendo nuevos caminos para llegar a casa cuando estoy casi a punto de abandonarla. Echaré de menos ese Madrid cosmopolita donde los homosexuales caminan abrazados, donde todos los bares son nuevos porque nunca te reencuentras con nadie ni falta que hace, ese pasear despreocupada de aspecto y actitud porque a nadie le importa (como debe ser) quién soy ni qué hago mientras no les moleste, ese gusto por el piropo que aquí todavía no se ha perdido y tan bueno es para el ego en los días difíciles.

Me sigue emocionando la plaza que acoge a La Cibeles, el edificio Metropol iluminado de noche, la Gran Vía -mi segunda casa-, Alcalá, el Madrid de Los Austrias, El Palacio Real, El Retiro, las Vistillas (concierto y cañas castizas al aire libre), el Templo de Debod, Sol, La Latina, Santa Ana, su intensa vida nocturna, los mil conciertos, los musicales, las decenas de teatros, el tapeo, las tostas, los huevos rotos, el calor del verano, los cientos de chicos guapos que no volverás a ver en tu vida...

Añoraré ese Madrid abierto donde todo el mundo es de fuera y de dentro y todos intentan echarte una mano porque ellos también se han sentido perdidos en algún momento en su propia ciudad. Extrañaré mi primera relación vecinal en la vida -esos vinitos con Mamen en su terraza; las amables y comprensivas charlas con Claudia, Edu y Nonita, tíos (Edu casi padre)y abuelita adoptiva de mis pequeños roedores; a Hugo y Paula, los primos madrileños de los niños). Tantos favores, tanto afecto gratis y a raudales...

Madrid me demostró que podía hacer lo que me propusiese, incluso saliéndome mal. Que no tenía miedo a nada que no fuese a acobardarme. Me recordó que, en esta vida, caminamos siempre solos, muy solos, pero, como los peregrinos del Camino de Santiago, vas encontrando manos amigas que se tienden cuando ya crees que no podrás seguir adelante.

Podría decir muchas cosas -y lo haré- sobre mi segundo hogar pero un post no es suficiente. Me faltan muchos e importantísimos afectos por citar y transmitir pero no quiero hacerlo así. Así que me guardaré algo para mi despedida real (que espero compartir con personas muy queridas por mí y a ver cómo me las arreglo para no acabar gimoteando...).

Hoy sólo sé que aún no me he ido y ya te echo de menos. Siempre te llevaré conmigo y siempre regresaré. Como antes volvia a Galicia a la menor oportunidad, ahora haré el trayecto inverso. Un día vine y me traje mis piedras con alma en la mochila. Hoy regreso siendo mucho mayor, más fuerte, más abierta, más valiente, más cosmopolita -sin haber dejado de ser nunca de provincias porque para mí Madrid es siempre novedad- y que fui capaz de hacerme mi lugar en el mundo llegando absolutamente sola a una ciudad de casi seis millones de habitantes que me recibió con los brazos abiertos.

Seguimos fundidas en ese abrazo pero, hoy, me asaltan las lágrimas. Tengo que irme y no acabo de soltarme. Sólo me consuela pensar que el dicho popular se cumpla y que, de verdad, pueda irme...

De Madrid al cielo.


(Las imágenes son muy mejorables pero esta canción ya me encantaba antes de llegar...)

8 comentarios:

tu dijo...

fijate, pues yo preferiría no tener que volver a Madrid... después de 36 años allí... paso, paso.

ninfasecreta dijo...

Ya, nena, pero tú y yo somos como el día y la noche.

A ti te encanta el campo, a mí me aburre más de un día seguido; te encanta la jardinería, a mí las uñas largas xD; te gusta confraternizar con los vecinos, a mí me horripila; yo adoro las ciudades llenas de tiendas y movimiento, tú estás como pez en el agua en tu estupenda finca...

Cuestión de gustos ;)

Besoss

La fotógrafa... dijo...

Hace un poco más de 2 años llegué a DF la gran urbe de México y me pasó todo eso que tú sentiste, ahora por azares del destino también me tengo que ir, ya tengo media mudanza hecha y lloro por mi Capital me crea tantas emociones y aún sin irme del todo siento que ya la extraño pero hay que partir... se queda ahí un pedacito de mi...

Tù texto me ha recordado fielmente a lo que estoy viviendo... preparemonos para la gran despedida!

Saludos!

Marta Simonet dijo...

Disculpad las molestias,pero por problemas de formato de texto (no se realmente lo que ha ocurrido),me he visto en la obligación de crear otro blog http://elcuadernodemartasimonet.blogspot.com/ ¡Espero veros por allí! .Muchísimas gracias.

Emma dijo...

Al final decides marchar a tu tierra... Bien, deseo de todo corazón que te vaya muy bonito.
Besazos ninfa, cuídate ;)

P.D.: No conozco Madrid, pero he sentido la añoranza mientras te leía...

Félix dijo...

Creo que al final estoy contento de vivir en un sitio pequeño con todo a mano, pero no dejo de soñar con vivir en Madrid.

Yo la veo como tú la describes. Es tan fácil encontrarse a uno mismo en un sitio tan grande y lleno de posibilidades que ¿cómo no enamorarse? Porque tal como hablas de Madrid es cosa de amor.

Un beso.

(Espero que te decidas pronto por el piso, porque una vez que uno le echa el ojo a algo, es imposible olvidarlo... ¿qué más da un mini lavavajillas si tienes un supersalón?)

antonio dijo...

ME GUSTA ACABI DE ESCRIBIR AL GO DE MADRID IGUAL TE GUSTA.
VUELVO A TU BLOG
NI DEJES DE ESCRIBIR LO HACES BIEN.

ninfasecreta dijo...

Fotógrafa, muy paralelas son nuestras vidas en este momento... A mí tb me encanta tu DF aunque su fama de peligroso siempre asusta un poco pero me fascinó y siempre sueño con volver. Comprendo al dedillo tus sentimientos. Son prácticamente los mismos que los míos. Suerte en tu nueva andadura!

Enma, que haya podido transmitirte mi añoranza anticipada es una de las cosas más bonitas que me han dicho sobre lo que escribo. Gracias por ello y por tus buenos deseos.

Pues sí, Félix, es amor y amor del bueno... Creo que las personas como tú y yo estamos a gusto en lugares que lo tienen todo para tomarlo, si quieres, y nada, si no te da la gana. Y un escritor que quiera prosperar, debe estar en el Foro. Te paso el testigo. A mí no me tocará en esta vida. Habrá que reencarnarse en Gala...
Elegí el piso precioso con minilavajillas. También fue amor y, para un amor que puedo hacer realidad, éste no lo dejo pasar. Estás invitado!!

Besos a todos