jueves, octubre 02, 2008

Actos de fe

Tras quitarme la mordaza, vuelvo a mí yo más profundo con renovadas fuerzas. El impulso natural de la Ninfa me ha llevado a dar unos cuantos portazos que ya hacía mucho que tenía que haber dado. He dejado de aceptar migajas de nada a cambio de todo, he dicho algunas verdades de las que duelen pero si alguno tiene ganas de crecer _aunque no sea a mi lado_ debería analizar, no he tragado con excusas poco creíbles y he decidido seguir caminando sola, como es mi sino. No es que me guste pero es un hecho.

Estoy en temporada de reapariciones. Seguro que me habréis oído hablar de esto en otras ocasiones pero es que no falla. Tras la pertinente desaparición del cobarde o maleducado de turno, un tiempo después, siempre vuelven a llamar a mi puerta como si no hubiese pasado nada. Y es que yo ejerzo tan poca presión que algunos confunden que yo sólo quiera a alguien a mi lado por su propio deseo con que estoy disponible para cuando les parezca. Alguno hasta se sorprende de que la Ninfa encantadora se convierta en un témpano de hielo. Parafraseando al señor Trillo: “Manda huevos”.

Pues a esos pares de huevos los he mandado a tomar viento y punto pelota. Y entre mi jornada de cambios está el positivismo forzado (porque no me siento positiva pero tengo que sobrevivir y eso sí es mi especialidad). Así pues, a la espera de la tercera y definitiva entrevista de un trabajo que me interesa mucho, he cambiado las ruedas de mi coche, que lo necesitaban con urgencia y el coche será mi herramienta de trabajo (en mi nuevo empleo, cuando lo consiga…), me he comprado un gps y he inscrito a los niños en actividades extraescolares que económicamente ahora no me vienen tan bien pero me permitirán recogerlos más tarde y ahorrarme la asistenta (cuando tenga mi nuevo empleo…).

Este tipo de cosas son las que yo califico como actos de fe. De fe porque, dadas las circunstancias, debería ahorrar hasta el último céntimo para batirme en retirada. Pero no me da la real gana. He dicho que me quedo en Madrid y, en lo que de mí dependa, me quedo. Y no se hable más.

Este fin de semana me iré a la Latina, a tomar las cañas diurnas y echarme unas risas, que son muy buenas para el alma, y el viernes saldré a ligar, que también es bueno para el alma, aunque te quedes en el tonteo puro y duro. De hecho, esto es lo mejor, porque en cuanto caes, se acabó el interés. Qué mastuerzos son los tíos.

Aunque hay de todo. Ayer, una chica me escribió a través de un portal de contactos. Me sorprendió mucho que fuese una mujer pero leí el mensaje. Me contaba que se había puesto en el portal como heterosexual al principio, luego como bisexual y después como lesbiana y los tíos seguían entrando como locos (normal, es el portal de salidos más salidos de internet). Decía que le apetecía hacer amigas y tal. Pues vale, le pasé mi msn.

Esa noche se conecta y pone la cam. La muchacha es absolutamente espectacular. Eso sí, está en casa maquillada como para acudir al estreno de “Sin tetas no hay paraíso” (Sin el Duque es como no hay paraíso…) y un escote de vértigo de una talla igual de vertiginosa. Por supuesto, la nena es lesbiana. Y a mí me parece muy bien pero, como le aclaré, inexplicablemente sólo me gustan los tíos. Me sugirió probar. Hasta me sentí halagada, hay que ver qué pedazo de cachondas me ligo… Pero qué le vamos a hacer, me dejan fría.

Luego se empecinó en que me pusiese en contacto con un ex suyo que era maravilloso de la muerte o que probase con una tía. Era complicado hacerle entender a la muchacha que yo no juego así y que no voy tan necesitada. En fin, que hasta las lesbianas mienten en los portales. No somos na.

Y os dejo ya que, como soy una mujer independiente, tengo que hacer las camas.

Mierda de liberación de la mujer…


miércoles, octubre 01, 2008

Volver

He decidido resucitar a la Ninfa. El motivo no es el que me ha parecido habitual en el mundo bloguero, o sea, no me dio la venada de irme para volver como los toreros. Los motivos de mi marcha estaban expuestos en el último post.

Sin embargo, a pesar de haber creado otro espacio, me ha sorprendido que mis propios lectores de “siempre” me encuentren diferente. Ciertamente así es. Creo que soy/estoy diferente pero también es un hecho que el sentirme obligada a prescindir de mi alter ego nínfico ha sido una especie de mutilación tanto literaria como emocional.

Le he dado vueltas un tiempo. He valorado la desagradable sensación de haber permitido que me corten las alas para expresarme libremente sólo porque alguien se cree con derecho a amenazarme por mis contenidos (mucha gente se da por aludida gratuitamente, mis textos son míos, no han de ser reales ni ficticios, sólo son míos) o decidir dejar de escribir para que alguien se dedique a escudriñar mis sentimientos y sensaciones en lugar de centrarse en las suyas propias. Y he decidido que me importa un bledo (un carallo, como decimos en mi tierra).

Así que aquí estoy, con las mismas ganas de siempre de no morderme la lengua, de ser y sentirme libre y, querido amenazante, si tu vida está tan vacía que tienes que dedicarte a curiosear la mía, es que sigo tan presente en ella que deberías hacértelo mirar…

Además, contra todos mis principios de pesimismo y poca confianza en los concursos, me he presentado al III Certamen de bloggers de 20Minutos. Me ha dado el motivo y ha servido de motor de arranque para volver por mis fueros. Soy buenísima (¡jajaja!) aunque estoy segura de que no optaré a ningún premio. Lo único que sé es que la Ninfa no puede vivir ahogada ni silenciada y que si decide poner a parir a los hombres, a los ex y a la madre del cordero, lo seguirá haciendo. También me pondré tierna alguna vez y en ridículo unas cuantas más pero la parte que me faltaba vuelve a estar conmigo.

No desaparece Leonor, la dejaré para otro tipo de momentos o escritos. Pero yo soy Ninfa y me falta algo desde que me empeñé en disfrazarla. Voy a incluir algunos textos que escribí en otra parte que me gustan especialmente (mi querido Jabala…) para compartirlos aquí también y volveré con renovadas fuerzas a repetirme, seguramente, pero ya sé que, en el fondo, os gusta.

Os he echado de menos. Vengo con ganas de guerra, de polémica, de sentimentalismo y de sacar mi esencia oculta que sólo pude llegar a mostrar aquí. Si algún día alguien es capaz de sacarla a la luz verdadera, lo celebraremos como el hecho extraordinario que será. Eso sí, excusad mi ausencia de fe.

Bienvenidos a mi casa. El arroyo de la naturalidad y la osadía.


miércoles, julio 02, 2008

Punto y final

Hay momentos que una desearía que no llegasen nunca pero llegan. Todo en la vida es transitorio, temporal, perecedero. No pensé que ocurriría con mi blog pero también le ha llegado la hora.

Es el momento de pasar la última página de este cuento. Siento que pierdo un pedacito de mí con él pero las circunstancias mandan. He de poner fin a este espacio, a ese nombre con el que me identifico y me siento y volver a pasar al anonimato.

Las razones no tienen que ver con mis deseos, como casi todo. Mi bitácora está ya en los ojos y las manos equivocadas. No tengo la opción de soltarme en libertad, ni dejar volar a mi personaje. Además, he hecho daño a terceras personas e, independientemente de lo mucho que la razón me asista, no es la finalidad de este rincón hacer sentir mal a nadie, ni atacar a seres inocentes.

Tampoco es el miedo lo que me induce a tomar esta decisión, a pesar de amenazas y otro tipo de cosas en relación con el blog, que no me afectan. Yo no temo a nada más que a que mis hijos sufran y a algún tipo de dolor físico. Para todo lo demás, tengo perfectamente claro que una de mis características más marcadas es el valor.

Quiero recuperar mi privacidad y la he perdido. Hay quien dice que no debo malgastar mi talento aquí. No lo he sentido así nunca. No me arrepiento de nada ni tengo nada de qué avergonzarme. Otra cosa es que mis letras lleguen a las personas equivocadas del modo equivocado. No disfruto con el mal ajeno.

Lamento profundamente perderos a vosotros, queridos lectores. Recibir vuestros comentarios, críticas y apoyo ha sido una compañía sin igual en estos dos años. Me alegrabais el día y me dabais un motivo para abrir el correo y ver algo más que textos impersonales y sin interés emocional.

Se cierra una etapa de mi vida, como siempre incierta. No dejaré de escribir nunca, sea donde sea, pública o privadamente. Algunos de vosotros sabéis cómo llegar a mí y estoy seguro de que otros encontraréis el modo de hacerlo.

Por el momento, no borraré mis textos. No reniego de ellos. Quedan ahí, flotando en el ciberespacio como esas estrellas muertas da las que seguimos viendo el brillo miles de años después de su desaparición.

No queda mucho por decir. Espero que volvamos a encontrarnos, aún sin saberlo. Es una de mis ilusiones.

Podría citar a muchos de mis fieles seguidores pero no me gustaría olvidarme de nadie. Os llevo a todos conmigo y seréis un motivo más para seguir haciendo cosas nuevas, en lugares nuevos, de maneras nuevas.

Se acabó la función. Es hora de bajar el telón y aplaudir a las butacas. Este toro es vuestro, os lo brindo a todos vosotros.

Ahora sólo queda el último gesto:

Escribir el punto y final.



(Este tema está repetido pero no he encontrado nada más apropiado. Y adoro esta canción...)

viernes, junio 20, 2008

De piscinas y acolchados

¿Os he dicho ya que la vida es una mierda? Pues lo es. Hoy me atacan cuestiones tan profundas como que han clausurado la piscina de mi urbanización. Después de suplicar calor, ahora que llega y a lo bestia… ¡Zas! Se sueltan las malditas losetas y… hala, cerrada hasta que lo arreglen.

Me he pasado no sé cuántos días observando cómo los malditos halógenos me hacían ver mi flacidez, mis nuevos acolchados y, cuando reúno el valor para sacarlos al sol y dejar que se bronceen me quedo compuesta y sin piscina. He pensado en bajar y ligar bronce igualmente pero... señores, esto es Madrid, a 35 grados sin sombra y sin refrescarse… hasta mi proverbial coquetería tendrá que esperar.

Por no hablar del monumental cabreo (justificado) de los pequeños roedores que me han mirado como si yo fuese el malévolo inspector que clausuró el refrescante agujero.

Había cogido yo un tonito que me hacía sentir más bella (cuestión que me eleva la moral bastante en tiempos de crisis permanente), me daba la sensación de que el acolchado no era para tanto (en realidad, no lo es pero yo soy una purista), me preparaba para volver a dar una vueltita por Galicia con un falso y dorado buen aspecto… Y nada.

Este momento de superficialidad me viene muy bien, con tanta profundidad de problemas reales que no se solucionan más rápido por amargarse la vida. He leído en un blog recién descubierto que las mujeres con los años y poco “movimiento” nos estropeamos a toda velocidad… Así que me aplico el cuento y me vuelvo a asustar ante el espejo, el DNI y la madre del cordero. Habrá que buscar algo de “candela” para el veranito (no suele ser difícil, tampoco vamos a negar lo evidente) para mantener el tono muscular.

Me debato entre comprarme el step de la wii para hacer ejercicio en casa. Por un lado, es un gasto que no debería hacer y por otro, es salud física y mental. Quiero una bici estática (yo, que las detesto pero la coquetería manda) y unas pesitas… Como me dé un arrebato voy a Decathlon y arraso…

¡Dios mío, qué acelerada estoy! Papaíto quiere hablar conmigo personalmente y ya he tenido pesadillas. Cuando se pone suave y encantador y se empeña en hablar en persona, es que quiere algo y algo que, seguramente, me perjudica. Creo que esto es lo que me provoca la ansiedad…

Lo dicho, me quiero poner maciza. Ahora, vuestra obligación es instarme a que me compre el cacharro de la wii. Necesito apoyo moral para hacer gastos extraordinarios.

Y que alguien rellene la piscina… ¡YA!

lunes, junio 16, 2008

Sin novedad en el frente

Vuelvo sin novedades. Vuelvo porque no soy capaz de irme y porque tampoco sabría hacerlo. Vuelvo porque ésta es, al fin, mi casa más firme en los últimos años. Y, sobre todo, vuelvo porque necesito seguir haciendo aquello que es, con toda certeza, la única cosa que nadie puede quitarme.

Me muevo en la dualidad. No quiero hablar de mi complicada existencia ahora mismo. Ya he hecho mis jornadas escritas de autocompasión. Las doy por finalizadas. Podría ponerme a escribir sobre temas más ajenos a mí realidad pero ya ni sé. No puedo proyectar despreocupación cuando no estoy despreocupada o banalidad cuando estoy reconcentrada y espesa. Sin embargo, puesto que no soy capaz _todavía_ de cambiar el color de mi vida o mis sentimientos sí me apetece sustraerme de todo ello aquí, en la bitácora de los enfermos mentales en busca de una pizca de cordura demente.

Ha sido la primera jornada de piscina de la temporada. El tiempo _al igual que los acontecimientos_ se muestra caprichoso y desagradecido este año. Un rato llueve, otro es verano; de pronto, las nubes se ciernen amenazadoras y lo cubren todo. Y en medio, como pequeños e insignificantes seres que somos, nosotros correteamos, ora huyendo del agua, ora corriendo en pos de los vivificantes rayos del astro rey.

Una de las cosas de las que estaba más orgullosa estaba era de haber logrado para mis hijos una calidad de vida que yo ni podría haber soñado en mi infancia. Corren felices con sus compañeros en el privilegiado edén privado que busqué para ellos. Tienen amigos, chapotean enloquecidos en el agua y hasta yo tengo vecinos con los que disfrutar de un vinito al final del día.

Han participado en un cumpleaños que para mí hubiese querido yo a los 20 (fiestuqui con música, pizza, juerga en la piscina, globos de agua… hasta las mil). He tenido visita de un ya viejo amigo, me he dejado abrazar por el sol (nos hemos dejado mi celulitis y yo: un año en Madrid sin ninguna clase de ejercicio pasa una factura muy alta) y ahora sueño con un favorecedor bronceado que me haga creer que, después de todo, la vida es bella aunque esa belleza sea tan manifiestamente efímera.

Me daré una vuelta por mi tierra en un par de semanas. Me sobra el tiempo, puedo perderlo en un tren a precio más barato que los aviones, ya con síndrome veraniego en sus tarifas. Echo de menos _para variar_ unos pocos mimos de diferentes tipos. Me quedaré con los amistosos, ya todos sabemos que el amor es un ave rara y traidora.

Mañana comienza otra semana de incertidumbre. A todo se acostumbra una.

sábado, junio 07, 2008

Dios juega a los dados

Decía Marisol que la vida es una tómbola. Yo creo que es un campo de tiro. Un complicado terreno de batalla en el que, en lugar de trincheras, hay abismos para caídas libres.

Es más que probable que tenga que dar un nuevo salto al vacío. Barajo todos los pros y los contras y me quedo sin respuesta. Una vez más, he de hacer lo que debo, no lo que quiero y sin saber siquiera si acierto. Tengo que decidir entre dar otra vuelta de campana _una vez más_ a lo que más detesto trastocar: la estabilidad de mis hijos.

Puede ser que dar marcha atrás me sirva para coger impulso o sólo para retrasar la caída. Que dé la vuelta para encontrar mi lugar o que descubra que no existe y tenga que seguir peleando con ese desagradecido ente llamado destino, que se empeña en ponerme a prueba una y mil veces.

Tengo la cabeza como un bombo. Pienso y pienso sin parar. Me desgasto en ejercicios inútiles imaginando futuros posibles, alternativas inexistentes, milagros de última hora. Tal vez estoy equivocada y debería estar agradecida. Sin embargo, sólo estoy hecha un lío. Las lágrimas de mis hijos duelen más que las propias, escuecen como sal en las heridas. Y nunca sabré si lo mejor para ellos es la decisión que voy a tomar, sea ésta la que sea.

Con el corazón, me quedo al abrigo de Madrid _esa ciudad que me conquistó desde el primer día_ con las risas de los niños que juegan solos, seguros y libres en el jardín de la urbanización en que vivimos, con su mundo _tan parecido al de nuestra infancia_ rodeados de otros pequeños, con su piscina para disfrutar con ellos, con ese clima más amable para salir a ver el sol.

Con la obligación, tal vez regrese a Galicia, mi casa. Allí están mis amigos (todos ellos felizmente casados y con hijos, con vidas tan distintas a la mía), tal vez un tiempo de desahogo económico, la humedad, el cielo gris. Muchas horas de encierro en casa para los peques, una educación inferior, “sin vecinos” como dicen ellos y su padre, de nuevo también, lejos otra vez, ahora que se había trasladado a vivir en Toledo. Ellos recuperaban a su padre y yo mi vida personal. Ahora perdemos los tres.

Y todo ello sin saber si habré de desmontar mi mundo (y el de los niños) una tercera o cuarta vez. Sin saber si hago lo mejor. Sin saber nada.

Dicen que el que no se arriesga no gana. Yo no sé si se gana o no. Vivo en el riesgo permanente. Siempre caminando sobre el alambre de esa cosa extraña, compleja y, tantas veces, desagradecida que es esta existencia.

Que Dios, si existe, me ayude a hacer lo mejor. Y si no existe, que el azar se ponga de mi parte.

Aunque sólo sea para variar.

jueves, mayo 29, 2008

Sola

Me siento sola. No sola en materia de hombres. Sola de sola. O sea, echo de menos a mis amigos, echo de menos el calor de sentirme en casa. Sé que sólo es la consecuencia de tener demasiado tiempo libre pero no por ello se me pasa.

Me siento perdida. Una vez más, desconozco la dirección de mi vida, cómo organizarla, qué decisiones habré de tomar en breve y si serán las acertadas.

Me siento frágil, un fácil objetivo para cualquier posible daño que me ronde. Quisiera un hombro para apoyarme y descansar. Dejar de pensar, sin cesar, en lo mismo hasta dolerme la cabeza.

Hace unos meses dejé pasar una oportunidad amorosa por priorizar todo el esfuerzo logrado, el bienestar de mis hijos, la estabilidad. Ahora no tengo amor, ni estabilidad ni recompensa.

No me gusta no saber dónde estoy. Me fatiga física y moralmente. Estoy cansada. Me agota buscar y no encontrar. Me agota no poder quitarme pesos de encima.

Sigo esperando que mi vida encuentre su orden dentro de la permanente entropía que la caracteriza pero tengo la desagradable sensación de que no me corresponde. De que ni esperando ni moviéndome consigo objetivos. Y eso es lo peor. Que nada sirve. Que desconozco cómo enderezar el rumbo.

Sí, está claro. Estoy cansada.

Y estoy sola.