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viernes, junio 08, 2012

La culpa es vuestra

Le he dado muchas vueltas. He recibido comentarios de apoyo fuera y dentro de la red. Estoy más fuerte y he recordado que huir de las letras es, para mí, huir de mí misma. Así que, aunque soy poco dada a estos vaivenes blogueriles, creo estar dispuesta para volver con un espíritu más positivo, si puede ser ,a hablar de tontunas y, si no lo logro, a desnudarme como mil veces me han dicho que no debo hacer.

El mérito y la culpa son vuestros, queridos y animosos lectores. No me explico que hacíais todavía ahí. Espero que regreséis ahora.

No tengo ganas ni creo conveniente ponerme trascendental y aburrida. Aunque caigo en ello casi siempre. Como cinco millones de españistañoles, busco trabajo. La diferencia entre ellos y yo es que llevo ocho años en crisis y tengo práctica en esto de vivir angustiada, razón por la cual, he decidido desangustiarme. Esto no quiere decir que no me preocupe, simplemente, no me vale de nada y me roba la salud.

El síndrome de parado te convierte en un ser anodino (algún ex dirá que lo soy pero miente...). Hay momentos en que he pensado que sólo me faltaba la camiseta de tiras, panza, cerveza en mano y pelos en el pecho mientras me pudría viendo la televisión para ser la reencarnación del desempleado estándar entregado a su suerte. En mi caso, no he echado barrigón ni bebo, a mí me da por adelgazar. Puede que algo de más pero, como decía Wallis Simpson: "Querida, nunca se es demasiado rica ni se está demasiado delgada".

De momento, yo me dedico a quedarme en el chasis. Pero no descarto (esto es fantasía pura y dura pero a menudo me acusan de ser poco positiva) llegar tener dinero como para no preocuparme por él.

Para compensar, ya que opino que mis piernas están demasiado delgadas, subo escaleras. Pero de verdad: nueve plantas desde el garaje más una entreplanta, o sea, diez pisos, mínimo dos veces al día. Si salgo para alguna cosa más, otra vez. Veinte pisos diarios o cuarenta si llevo al niño a jugar a casa de alguien. No está mal para la flacidez. Quiero que mi legendario trasero no se venga abajo también y, si las piernas están algo más delgadas, por lo menos no estar fofa.

Realmente, habida cuenta que últimamente estoy algo monjil no sé para qué tanto cuidarse. Bueno, sí lo sé; mens sana in corpore sano. Como tenía y tengo la mens bastante ajetreada le doy un respiro con un subidón de oxígeno. Y a ver si en unos meses un bombeo de autoestima.

Como veis, intento volver a mi yo más frívolo. No os preocupéis que, cuando me dé el bajón, os volveré a encandilar con mis llantos rosalianos. Pero hoy no. Hoy he vuelto y he escrito un post como Dios manda: sobre todo y nada en concreto. Vacío como manda la blogosfera, según me han dicho.  Además, me niego a hablar del gobierno.

Ya me diréis que es lo que os pone más.

(Confieso que esta canción me parece demasiado positiva pero tengo que reeducar mi cerebro...)