viernes, diciembre 12, 2008

Tiempo de balances

Se acerca la Navidad y, entre mi situación laboral, vital (o no situación, más bien) y que sufro mi primera gripe de la temporada, he recordado que en estas “encantadoras” fechas me da siempre por hacer balance del año.

Se puede analizar el resultado anual desde varios puntos de vista. El mío ha sido, como siempre, un año muy vivido que no por ello estupendamente vivido. Pero es un hecho que con grandes subidas y bajadas.

Estaría la valoración económica y material. No hay mucho que desmenuzar aquí. Ha sido un desastre y punto. El amigo ZP me ha sumado a la larga lista de afectados por la desaceleración económica no preocupante y, para variar, me han puesto la vida patas arriba. Nada nuevo bajo el sol.

Luego está el apartado personal. Cada año conozco y desconozco a mucha gente. Conozco porque estoy abierta siempre a nuevas personas que puedan aportarme algo y desconozco porque también se repiten sorpresas desagradables, bien en personas que llevan tiempo en mi vida, bien con personajes que se autodestruyen a pesar de haber jurado y perjurado que nunca lo haríamos (ninguno de los dos) de ese modo.

Sería el año de decirle a A. (alias L.H.) que no tiene que dejar de saludarme en ningún lugar sólo porque yo no esté sexualmente disponible. Después de todo, hace años que nos conocemos, eso debería pesar… pero no. Supongo que ha sido una etapa de aclarar cualquier duda sobre mi pasado y futuro emocional, de lo que la gente puede o está dispuesta a dar y que, francamente, tengo claro que se me queda pequeño en demasiados casos. Al menos, es sin dolor ya que miro atrás. No se puede perder lo que nunca se tuvo. Quizá alguna persona me haya perdido a mí o la posibilidad de conocerme más pero imagino que les importa lo mismo que a mí en otros casos: un bledo.

También es el año de explicarle a la gente que puede haber amistad tras e incluso con el sexo y que nunca persigo objetivos imposibles. Que dar la cara no supone ser juzgado ni maltratado, es, simplemente, el modo de no maltratar a los demás. A mí no me da miedo la verdad, lo que temo es no saber qué terreno piso y que no me den la oportunidad de saberlo.

Como repito una y otra vez, no quiero a quien no me quiere, no me gustan aquéllos a los que no les gusto pero para mí no es un problema tomar un café, ir al cine y echar unas risas con alguien con quien, en algún momento ya pasado, hubo atracción física. Una lástima. Creo que hay gente que vale la pena tener en tu vida en el plano amistoso aunque no puedas funcionar como pareja. Pero eso tampoco lo entienden mucho los hombres.

Es año de reconocer, más si cabe, el valor y el apoyo de mis viejos amigos en tiempos oscuros. De asumir que la vida se me da tirando a regular pero conservo intactas las ganas de cambiarla aún cuando flaqueo muchas veces y las fuerzas fallan. No soy de piedra y tampoco lo deseo.

Tiempo de cambiar hábitos: nada de aventuras _me aburren profundamente_, nada de juegos del ratón y el gato y apertura de puertas a seres maduros y que sepan lo que quieren. ¿Qué no hay? Pues que no entre nadie.

De redescubrir al único ser que de verdad es capaz de mantener un sentimiento auténtico a pesar de las vicisitudes y las distancias y de encontrar nuevas amigas que, en caso de partir, sentiré muchísimo dejar atrás porque estoy convencida de que hay una base más que notable para convertirnos en hermanas del alma. Hablo de ti, querida C. (no doy tu nombre sin permiso).

Año de arriesgar hasta el último minuto, hasta el último euro, apostando por imposibles, como siempre. Y si hay que volver, con la frente marchita, no pensar que no lo he intentado aunque sea un pobre consuelo.

Han sido los 365 días de ver crecer emocionalmente a mis hijos, tan maduros a tan tierna edad. Agradecerles que me apoyen en las dificultades _que conocen_, que estén dispuestos a cualquier cambio con tal de seguir con “mami” y, como dice el hombre de mi casa, en un tono adulto y seguro: “si hay que hacerlo, hay que hacerlo”. Tiene siete años. Buen trabajo, Ninfa.

No sé cómo terminaré el año. Sé que en el comienzo se impondrá un cambio radical. Aquí, en mi querido Madrid, o allá, en mi Galicia natal. No me atrevo a planificar nada y lo planifico todo. Quiero quedarme y quiero arrojar la toalla. Quiero ser independiente y quiero un hombro donde descansar. Quiero vivir tranquila. Y eso es, para alguien como yo, casi una utopía.

Eso sí, se puede decir que mi vida es de todo menos aburrida pero no estaría mal aburrirse un poquillo, al menos en el tema laboral. He de reconocer que no sería la misma persona si las cosas rodasen mejor pero también tengo claro que no me importaría ser esa otra persona.

Sigo, sin embargo, abierta a que alguien, con errores incluidos, me sorprenda positivamente. Que se acerque sin temor a quien soy y no a mi envoltura física. Que me enseñe a creer de nuevo en las personas y en el amor. Y, a pesar de que una sabia amiga me ha dejado clarito que mi momento de buscar ese tipo de sentimientos ha pasado y, por mis hijos, he de ser práctica, sigo abierta también a los milagros.

Aunque ya no crea en ellos.


7 comentarios:

Loverfriend dijo...

También es tiempo de proyectos. Y de afrontarlos con buen ánimo. En ocasiones, es lo único bueno que depende de nosotros. Cuando las circunstancias son favorables, no requiere nuestro esfuerzo. Pero lo mejor de todo es que cuando no lo son, la oscuridad que ocasionan se atenúa con nuestra luz. Y estoy seguro de que la tuya es bien brillante, como corresponde a una ninfa.

Un beso (solo si tú me ofreces una sonrisa).

Navegante dijo...

Ninfa, mientras leía esta entrada sonaba en mi ordenador la canción de Mónica Naranjo - “Para siempre”.

La letra aunque habla del amor y los te quiero, de la no utilización de esa expresión tan española como es “…para siempre” tiene ese fondo de verdad que todos necesitamos.

Este año que a principios quería “mantener… para siempre” ahora quiero olvidarlo. Lo que antes era “mi amor… para siempre” ahora no es más que un sueño inalcanzable por el que lucho por mantener vivo. Lo que antes fue mi “profesión y dedicación… para siempre” hoy es lo que más odio en el mundo. Mis amigos que creí “tablas de salvación en momentos difíciles… para siempre” hoy son buques de guerra que me torpedean a diario… ¿Qué mas decirte? – el concepto está ahí, para quien quiera verlo, camina amiga, camina “NADA… ES PARA SIEMPRE” y quien se para se ahoga.

Comienza un año – comienza una vida, la lucha continua.

Besos y saludos.

ninfasecreta dijo...

Loverfriend, mi más amplia sincera sonrisa sólo para tus ojos...

Un besito

Navegante, siento la situación qeu intuyo estás pasando pero no dudo de que la fuerza de vuedstros corazones lo superará y no es por haceros la rosca, es que ella es todo luz y positividad y eso no se puede apagar ni negar. Déjate arrastrar por tu campanilla.

Un besazo

Crika dijo...

Querida Ninfa, me ayudaste a ver la luz cuando todo era confusión y siempre has estado ahí cuando he necesitado desahogarme, de día, de noche (aún recuerdo una charla a las 3de la mañana este verano)o en persona y, sí, creo que hay buena base para una amistad duradera, aunque la vida haga que tenga que ser en la distancia. Si yo soy la C. tienes más que permiso concedido para poner mi nombre, pues me hace feliz que me sientas así, como yo a tí.
Un besazo

ninfasecreta dijo...

Sin duda tú eres C., querida Criki, y lo sabes. He estado físicamente mucho menos de lo que quisiera a tu lado pero sabes que con el corazón y los medios que tenemos para mí ha sido y es un placer estar cerca. Tú también mi alimentas, no te creas qeu todo es generosidad.

Gracias por dejarme citarte.

Un besazo

Jota dijo...

Mi modesta opinión es que, con el tiempo y la experiencia, uno se vuelve mucho más selectivo, más exigente. Pero la necesidad apremia y hay que ir por otros derroteros, más directos y viscerales. Besos, Ninfa.

Santa 451 dijo...

Hola Ninfa!
Vengo de lectora anónima y míra por donde me encuentro con una paisana...(yo de una aldea Castroverde-Lugo).

Los milagros los hacemos nosotros; igual que los terremotos... Es lo que sé apunto de cumplir 44.

Los hijos...son quien te levantan cuando la niebla no te deja atar los zapatos (uno de 18 y otro de9).

De las historias del corazón; para poder empezar otra tengo que olvidar la que dejé y solo puede ser cuando rompes todos los puentes que te unen a ella...(no quiero msm, ni cartas, ni ná. Pero educación ante todo).

Bueno no quiero ser pesado

Un bico da Terra